El conflicto en Oriente Medio y el cierre del Estrecho de Ormuz están provocando importantes disrupciones en el comercio internacional, con impacto directo en el sector hortofrutícola. Entre las consecuencias más inmediatas destaca el bloqueo de más de 250 contenedores de manzana francesa —unas 5.000 toneladas— con destino a mercados de Oriente Medio, como Dubái, y a algunos países asiáticos.
El valor estimado de esta mercancía retenida se sitúa entre los 7 y 8 millones de euros, en un contexto marcado por el encarecimiento de los costes logísticos y la creciente incertidumbre en el transporte marítimo.
Costes al alza y rutas alternativas
A esta situación se suma la aplicación de recargos por parte de las navieras vinculados al riesgo bélico, incluso para mercancías que ya se encuentran en tránsito. Según fuentes del sector, estos costes adicionales podrían alcanzar cerca de 900.000 euros para el conjunto de exportadores franceses.
Asimismo, la cobertura de seguros se ha convertido en otro factor crítico. En algunos casos, las pólizas frente a riesgos de guerra han desaparecido, mientras que en otros su coste se ha disparado, dificultando aún más la operativa comercial.
Ante este escenario, los operadores buscan soluciones alternativas. Una de ellas es desviar los envíos por el Cabo de Buena Esperanza, lo que permitiría evitar la zona de conflicto, aunque implica alargar los tiempos de tránsito en unos diez días para los destinos asiáticos.
Caída del consumo en el mercado francés
En paralelo a las dificultades logísticas, el mercado interior francés muestra signos de debilidad en el consumo. Aunque todavía es pronto para realizar un balance completo de la campaña 2025-2026, los primeros indicadores apuntan a una evolución negativa.
El descenso afecta a buena parte de las categorías de frutas y hortalizas, con la excepción de los productos exóticos y el plátano, que mantienen un mejor comportamiento. En el caso de la manzana, las cantidades compradas desde el inicio de la campaña se sitúan un 6% por debajo del año anterior y un 9% por debajo de la media de los últimos tres años.
NOTICIA RELACIONADA: La guerra genera inquietud en la industria alimentaria
Este retroceso se produce en un contexto de precios elevados, con una media de 2,20 euros por kilo desde el inicio de la temporada, lo que está condicionando las decisiones de compra de los hogares.
El factor precio, clave en la demanda
El encarecimiento de los alimentos, unido a la incertidumbre derivada del conflicto geopolítico y a la previsión de un aumento en los costes energéticos, está obligando a los consumidores a reajustar su gasto. En este contexto, los productos frescos se convierten con frecuencia en una variable de ajuste dentro del presupuesto familiar.
Una tendencia similar se observa en el mercado de la pera. Las compras han caído un 8,8% respecto al año anterior y un 12,5% en comparación con la media de los últimos tres años. El precio medio, por su parte, se sitúa en 3,06 euros por kilo.
No obstante, el mercado muestra un cambio en el origen de la oferta, con una mayor presencia de peras de producción francesa en los lineales frente a las importadas, en un intento por reforzar el producto local en un contexto de incertidumbre internacional.
































































































