No es un eslogan de marketing: viene de la recomendación de la OMS, que propone al menos 400 g diarios para ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos cánceres. Traducido a tu plato, esos 400 g son, más o menos, 5 porciones de 80 g.
¿Y qué tienen de especial?
Primero, agua: la mayoría de frutas y verduras superan el 80–90 % de agua, lo que ayuda a hidratar, aporta volumen y te sacia con pocas calorías.
Segundo, fibra: frena la subida de azúcar en sangre, mejora el tránsito intestinal, alimenta a tu microbiota y se asocia con menor riesgo cardiometabólico.
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Tercero, vitaminas y minerales: piensa en la vitamina C de cítricos y pimientos para defensas y absorción del hierro vegetal; folato en verduras de hoja para la renovación celular; y potasio en plátano, aguacate o tomate para la tensión arterial.
Y cuarto, los compuestos bioactivos (polifenoles, carotenoides) que actúan como antioxidantes y antiinflamatorios: el licopeno del tomate, la luteína de las hojas verdes, las antocianinas de frutos rojos…



























































































