Sugardrop, el tomate premium que ha llevado a Grupo Paloma a elevar el listón del sabor

Grupo Paloma ha ligado el crecimiento de Sugardrop, su tomate cherry pera premium de alto sabor, a una profunda transformación tecnológica de sus estructuras productivas
SUGARDROP-TOMATE

Desde 2020, la compañía mantiene un potente plan de inversión para sustituir invernaderos convencionales por instalaciones de alta tecnología. La firma murciana es un gran especialista en tomate, pero dentro de su amplio catálogo hay un producto al que dedica una atención muy particular. Sugardrop, un cherry pera de alto sabor y característica forma de gota, se ha convertido en una de las apuestas más singulares de la compañía y, al mismo tiempo, en uno de los mejores ejemplos de la transformación tecnológica que está experimentando su modelo productivo.

La historia comenzó hace aproximadamente 17 años. Según explica Ana Hernández, directora agronómica de Grupo Paloma, la empresa trabajó directamente con el obtentor en la selección de una variedad que inicialmente presentaba ciertas dificultades agronómicas, pero que sobresalía claramente por una cualidad: el sabor.

“Vimos que tenía un sabor diferencial y también una forma diferente, y decidimos apostar por su desarrollo”, explica Hernández. A partir de ahí comenzó un proceso de aprendizaje que permitió a la compañía conocer cada vez mejor el comportamiento de la planta, ajustar su manejo y convertirla progresivamente en una producción sostenible y rentable. Especialmente durante la última década, Sugardrop ha ganado peso conforme el mercado ha ido reconociendo sus características y aumentando la demanda.

Una gota de tomate con identidad propia

Visualmente, Sugardrop se reconoce con facilidad. Es un tomate cherry pera terminado en una punta pronunciada que le confiere su característica forma de gota. Presenta además una rama compacta, pero es en boca donde Paloma sitúa su principal elemento diferencial.

Su sabor procede de un equilibrio muy marcado entre azúcar y acidez, una combinación que la compañía ha querido preservar desde las primeras selecciones. Se posiciona por ello como un tomate premium destinado fundamentalmente al consumo en fresco, donde esas características pueden apreciarse sin necesidad de elaboración.

Para Paloma no se trata simplemente de una referencia más. Es una variedad que la empresa ha desarrollado desde sus primeras fases de selección y sobre la que ha ido construyendo un conocimiento agronómico muy específico. “Es la variedad a la que más cariño tenemos y a la que más recursos destinamos para su desarrollo”, señala Hernández. Y precisamente esa exigencia agronómica explica buena parte de la estrategia seguida en los últimos años.

Un tomate que exige otra forma de producir

Sugardrop no es, según explica la directora agronómica, un tomate que pueda desarrollarse en cualquier estructura productiva ni con un manejo convencional.

Todo el Sugardrop de Grupo Paloma se cultiva actualmente en invernaderos de alta tecnología, unas instalaciones concebidas para proporcionar a la planta condiciones mucho más controladas y estables.

El crecimiento comercial de la variedad ha avanzado, de hecho, en paralelo a la modernización de las explotaciones de la compañía.

Desde 2020, Grupo Paloma mantiene un ambicioso plan inversor para transformar progresivamente sus invernaderos convencionales y aumentar el peso de las estructuras de alta tecnología. La empresa ya dispone de numerosos multitúneles y durante los últimos seis años ha intensificado la construcción de nuevas instalaciones específicamente preparadas para cultivos de mayor exigencia.

“Para poder desarrollar y crecer con este tomate tenemos que cultivarlo en invernaderos de alta tecnología, darle las mejores condiciones y obtener la máxima calidad”, explica Hernández.

La relación entre producto y tecnología es, por tanto, directa. Sugardrop exige multitúneles de gran altura, buena ventilación, pantallas térmicas e incluso calefacción, elementos que permiten amortiguar las condiciones exteriores y manejar de manera mucho más precisa el ambiente en el que se desarrolla la planta.

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Esta capacidad resulta especialmente importante ante episodios de temperaturas elevadas. Gracias a estas estructuras, Grupo Paloma puede realizar plantaciones extremadamente tempranas, incluso en julio, algo que Hernández vincula directamente con el grado de control climático conseguido dentro de los invernaderos.

“Todo lo hacemos en cultivo hidropónico, donde controlamos la fertilización a diario y la conductividad que necesita el tomate para poder darle ese sabor”, detalla la responsable agronómica.

Esta precisión evidencia hasta qué punto la calidad final no depende únicamente de la genética. La variedad proporciona un determinado potencial, pero para expresarlo de forma constante es necesario acompañarla con instalaciones, conocimiento técnico y un manejo muy preciso.

También la rama exige atención específica. Paloma realiza trabajos de poda para ajustar el número de frutos y conseguir los calibres adecuados. La longitud de los ramilletes varía además dependiendo de la época del año: son más cortos durante el invierno y pueden alargarse en periodos de mayor luminosidad y temperatura.

La comercialización del producto comienza aproximadamente a mediados de septiembre y se prolonga hasta junio, ofreciendo prácticamente una campaña de diez meses.

Mantener esa continuidad supone uno de los grandes retos de una variedad de estas características. Las condiciones ambientales cambian radicalmente entre el comienzo del ciclo, el invierno y el final de la primavera, lo que obliga a adaptar continuamente el manejo del cultivo.

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