A bordo del Star Mizy

Elegimos un mal día, un día de intensas rachas de poniente que más tarde viraron en viento de Levante. Sin embargo, la experiencia, aunque corta, valió la pena. Salimos a unas pocas millas de Puerto Siles mientras duró nuestra entrevista. Vicente Bayona Pérez nació en 1956 en Quart de Les Valls (Valencia) en el seno de una familia dedicada desde hace casi un siglo al negocio de la citricultura.
Vicente Bayona Pérez

Elegimos un mal día, un día de intensas rachas de poniente que más tarde viraron en viento de Levante. Sin embargo, la experiencia, aunque corta, valió la pena. Salimos a unas pocas millas de Puerto Siles mientras duró nuestra entrevista.

Vicente Bayona Pérez nació en 1956 en Quart de Les Valls (Valencia) en el seno de una familia dedicada desde hace casi un siglo al negocio de la citricultura.

Antes de subir a bordo del Star Mizy, un Bavaria 39 cruiser, decidimos comer algo a pie de embarcadero. El carácter afable de Vicente se hace más que evidente porque todo el mundo le saluda; es un lugareño querido.

Es mi primer entrevistado que no huye de publicar su color político, no en vano es concejal de Ciudadanos en la localidad de Canet de Berenguer (Valencia).

Se considera un hombre de suerte, posiblemente porque su amuleto es el famoso conejo de la suerte, Bugs Bunny, el cual perdió una vez y de manera casi milagrosa, logró recuperar. Aquel conejo que decía: ¿Qué hay de nuevo, viejo? le acompaña  siempre en sus viajes de negocios.

¿Qué representa este barco para usted?

Es nuestro refugio de paz durante muchos fines de semana. Navegar es como “comerte una dosis de relax” si el día es el adecuado. Puede ser el silencio más sublime, en el que oyes el aleteo de algún delfín al lado. Es una necesidad terapéutica.

¿Cuál es el viaje más frecuente que realiza?

Últimamente hemos ido mucho a Ibiza, saliendo a las 5 de la mañana y llegando a las 5 de la tarde.

¿Navegando en la oscuridad?

Por supuesto, no hay ningún problema. Se preparan las luces de navegación, las linternas, los chalecos salvavidas, las balizas, el equipo de abandono del barco, el visor nocturno y nos ponemos algo de abrigo, incluso en verano. Y todo listo.

¿Y entonces?

Es cuestión de permanecer atento a la pantalla del radar y al AIS. Mi mujer disfruta más que yo porque sale fuera borda, utiliza los prismáticos y mira las estrellas que no puedes ver desde tierra. Al alba, empiezas a saludar a otros que han hecho lo mismo que tú.

Nada más lejos que un militante de Ciudadanos casado con una guapísima cubana de nombre ruso.

Bueno, todos los cubanos no han sido comunistas, y ha habido muchos disidentes. Y por otro lado, yo conocía a mi mujer antes de haber visitado la isla. Como soy un hombre de suerte, la primera vez que compré un billete para Cuba (entonces se hacía a través de agencias) al salir me topé con ella, nos saludamos porque en el pueblo nos conocemos todos y me pidió que le llevará un sobre. Le dije que sí pero que lo tenía que cerrar delante de mí. Lo demás es historia. Llevamos casados quince años.

Su mujer llegó a convertirse en trending topic en las inundaciones de Sagunto de 2016.

Sí, es cierto. Yo estaba en un pleno del ayuntamiento cuando me avisaron de que el coche de mi mujer se había sumergido en un badén inundable y ella estaba en el techo del coche.

Me pregunto: ¿A quién se le ocurre meterse en ese agujero de ratón en tales circunstancias?

Fue una mezcla de despiste porque iba pensando en sus estudios y por otro lado, de atrevimiento. Es una mujer de carácter.

¿Impregna esto de nacer en un pueblo de 1.000 habitantes y ser hijo y nieto de agricultores?

Sí, por supuesto. Yo llevo el ADN de la citricultura en mis genes. Mi abuelo fue uno de los primeros exportadores de esta comarca, mi padre también se dedicó a la tierra y al comercio y mis tíos redondearon el negocio con el transporte internacional de frutas. Yo creo que mi camino estaba trazado porque yo nunca fui buen estudiante, pero fui inmensamente feliz. De niño, me sentía fascinado por los camiones que llegaban a cargar a casa: Pegasus, Leyland Comet, los vehículos de aquella época… A los 14 años me subí con mi tío en el camión y nos fuimos a Londres, pasando por París. Aquel viaje me marcó porque yo que era “un xiquet de poble” vi la inmensidad de aquellas grandes ciudades y supe que había mucho mundo por vivir y recorrer.

¿Y su afición por el mar? ¿Desde cuándo navega?

Tuve una infancia muy ligada al mar. Cuando acababa el instituto toda mi familia bajaba con el camión cargado de enseres para el verano: la nevera, los somieres, etc. Pasábamos tres meses en la  playa de L’Almardà. Éramos como indígenas, sueltos todo el día, con un bañador, unas chancletas y un neumático de camión como flotador. Ahí nació mi pasión por el mar. Ahora ya hace más de dos décadas que tengo embarcación y carnet de patrón de embarcación de recreo.

¿Ha vivido circunstancias de peligro?

No, rotundamente no, porque soy muy previsor con los partes meteorológicos; me los estudio muy bien. Yo soy de los que cree que si el mar no está en calma, lo mejor es permanecer en puerto o en el bar del puerto. Las dificultades máximas que he tenido han sido regresando porque el parte estaba muy ajustado en tiempos. Siempre veo las previsiones de futuro. Este año, en Ibiza, hubo una tormenta muy importante que destrozó barcos enteros amarrados en las calas, pero yo me salí un día antes porque estaba anunciada.

Esto de los partes meteorológicos será por deformación profesional, ¿siempre mirando al cielo?

No es lo mismo el mar que la tierra, pero de paso controlo las producciones de aguacates.

Por culpa suya aquello de la citricultura familiar ¿ha quedado relegado por los aguacates?

No del todo, seguimos manteniendo nuestras producciones, pero había que buscar nuevas alternativas y así lo hicimos. Mis inquietudes se canalizaron en buscar nuevas salidas a los cítricos y me siento muy afortunado porque disfruto con el trabajo que hago.

¿Participa en algún tipo de regata?

Sí, el año pasado en esta misma fecha, estaba haciendo La Ruta de la Sal: Denia, Formentera, le das la vuelta a Ibiza y llegas a San Antonio.

¿Hace algún deporte?

No con asiduidad. Estoy mucho tiempo fuera de casa, pero en invierno me gusta esquiar en Andorra. ¿Cree acaso que maniobrar este barco es cualquier cosa? Son 9.000 kilos de peso. Si el viento está a favor subimos la vela mayor y la génova, pero si no hay que controlar con el motor.

Tras más de tres horas abordo regresamos a puerto.

Atento Puerto Siles. Atento Puerto Siles. Aquí embarcación Star Mizy. ¿Me recibe? Cambio.

Aquí oído Puerto Siles. Adelante Star Mizy.

Necesito amarrar en puerto.

De acuerdo, esperamos en amarre.

Adelante Star Mizy.

 

 

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