Hecha a sí misma

Extrovertida, vital y un torbellino. Así es esta mujer menuda. Inma Torregrosa, un volcán en erupción. Me reúno con ella en plena campaña y su teléfono no deja de sonar.
Inma Torregrosa

Extrovertida, vital y un torbellino. Así es esta mujer menuda. Inma Torregrosa, un volcán en erupción. Me reúno con ella en plena campaña y su teléfono no deja de sonar. Ella vende y vende y al mismo tiempo resuelve cualquier incidencia.

A veces, por las interrupciones, no me acuerdo de lo que le he preguntado, pero ella no pierde el hilo de nuestra conversación y me lo recuerda. No era mi intención, pero oigo sus conversaciones y me doy cuenta de que mucha gente ha depositado su confianza en ella, y al mismo tiempo es una persona agradecida.

A los 11 años ya trabajaba en el almacén familiar cortando uva. Eran otros tiempos, en los que la autoridad paterna no se ponía en entredicho, y por eso le tocó estudiar el Bachiller por la noche y trabajar por el día.

Nos cuesta comenzar a hablar porque sus llamadas se suceden una tras otra (mi grabadora registra más de 30 cortes). En el instante en que cuelga el móvil, vuelve a sonar. Sus conversaciones me confirman que Inma posee una alta inteligencia emocional.

 Uf, si las ondas electromagnéticas del teléfono afectan al cerebro, usted lo debe tener… Todos hablamos mucho, pero esto no lo había visto nunca. Es como si le entrara el subidón con cada venta.

Ja, ja, debo ser la evidencia científica de que no pasa nada porque yo me siento de maravilla. Mi trabajo me hace absolutamente feliz, me encanta y disfruto muchísimo. No lo entendería de otra manera.

Le soy sincera, no sé cómo es capaz de retener todo lo que le han dicho. Si dependiera de mí, los envíos se harían de forma equivocada, se lo aseguro.

Sin exagerar, después todo me lo envían por mail. Yo tampoco lo recuerdo.

Me ha sorprendido este lugar por su tranquilidad y tan cercano a localidades importantes.

Por eso nos hemos citado aquí. Yo llevo muy a gala ser una mujer de pueblo. He vivido aquí, en Aielo de Rugat, toda mi vida. Reivindico lugares como éste. Ahora no llegamos ni a los 200 vecinos. Aunque estamos en la sierra, las playas de Gandía y Oliva están a poco más de 10 kilómetros.

Usted conoce los sinsabores del negocio y ahora también el éxito. Admiro a las personas como usted, fieles al terruño y valientes.

Mi vida ha transcurrido en este negocio, conozco todos los entresijos. Son muchos años y puedo presumir de tener amigos en el sector, amigos que confiaron en mí y me echaron una mano cuando los necesité (Alex y Emilio) y de eso no hace tanto. Mi padre murió en 2009 y en ese mismo momento se rompió la relación con una cadena con la que trabajábamos y tuvimos que restructurar todo desde cero.

¿Cómo lleva lo de trabajar con su marido?

Después de tantos años, puedo afirmar que he aprendido a modular las preocupaciones del negocio para que no lleguen al hogar. Eso sí, tiene algo peculiar, en un momento decisivo o de negociación, él sabe inmediatamente lo que yo pienso y viceversa.

¿Usted es la única mujer en la directiva en la Asociación Nacional del Kaki?

Sí, con la anterior directiva era vocal y ahora estoy a cargo de la secretaría. Claro que deberíamos ser más.

¿Qué le han parecido las movilizaciones feministas de los últimos tiempos?

Me parecen muy bien. Creo que hemos vuelto a poner sobre la mesa muchos de los problemas que vivimos las mujeres. Hemos conseguido muchas cosas, pero si somos la mitad de la población, todavía nos queda mucho camino por andar porque no estamos representadas en esta proporción. Todo ello sin hablar de las cargas familiares que siguen pesando sobre nosotras o la violencia de género.

Las mujeres unidas somos imparables, y en contra de lo que los hombres nos han hecho creer, podemos ser grandes amigas.

Bueno, al menos en el gobierno que se acaba de formar sí estamos representadas.

Hace muchos años que hay mujeres preparadas para determinados trabajos que sólo hacían los hombres. Los altos ejecutivos, casi siempre han sido hombres y las universidades llevan años con mujeres muy preparadas. Y en este sector, ni le cuento… a veces se percibe un machismo latente y muy bien disimulado.

¿Supongo que en algún momento desconecta y que esto no continúa así los fines de semana, o tal vez entre semana se dedica un tiempo a si misma?

Suelo ir con asiduidad al gimnasio y practico body combat, aunque ahora llevo un tiempo que lo he dejado, pero lo retomo siempre. En los pueblos hay una costumbre muy arraigada de hacer rutas caminando entre un pueblo y otro y aquí la naturaleza es una maravilla.

Los sábados de campaña son un poco convulsos, pero el domingo me distancio y empiezo la mañana leyendo dos periódicos en papel mientras desayuno. Y si quiero relajarme de verdad, mi terapia es hacer repostería o pasear en bicicleta por la playa.

Pero usted también es una mujer de redes

Oh, claro que sí, pero el periódico se lee mejor en papel. Hay que estar al día, yo voy aprendiendo con la gente que está a mi alrededor porque a mí no me importa preguntar. Gracias a la tecnología, hoy podemos vender por whatsapp, por mail, en LinkedIn…

¿Cuál ha sido su última salida?

A principios de mes estuve en el concierto de Ara Malikian, en Valencia. También solemos escaparnos a Madrid para ver algún espectáculo en la Gran Vía, aunque más en invierno.

Si siempre estuvo trabajando, ¿cómo se las arreglaba con sus hijos?

Hay una etapa muy dura, la infancia. Mi hija se me ha dormido en un pallet mientras yo estaba en el almacén y cuando empezó a darse cuenta de las cosas, me recriminó que nunca fuera al colegio o a las excursiones, porque esto lo hacía mi madre. Es un momento en que te sientes una mala madre. Pero se supera.

¿Cómo pasan los veranos?

Nuestras vacaciones suelen ser casi siempre del mismo modo: el pueblo impera. Y le explico, las fiestas de aquí y de los pueblos de los alrededores son a mediados de agosto y mis hijos, de 25 y 17, disfrutan mucho y los amigos van y vienen. Pero antes de que empiece el jolgorio, solemos hacer una escapada por Europa o por el norte de España.

Nuestra conversación acaba e Inma me pide que la espere. En un pispás, se cambia la ropa de vestir por un vaquero, se pone plana y se dirige a tomar las riendas del almacén.

TE PODRÍA INTERESAR
  • ANECOOP: ‘El agua es vida’

  • Últimas noticias

    Newsletter fruittoday

    Cada miércoles en tu email las noticias más destacadas de la semana hortofrutícola