Lorena Basso: “Mi obsesión es mover semillas. Para eso necesitamos regulaciones alineadas y fitosanitarios que funcionen”

La argentina Lorena Basso, primera mujer presidenta en los 102 años de historia de la ISF, fija su agenda: género, innovación regulatoria y libre circulación de semillas
Lorena Basso (7)

En su asamblea general, la ISF (Federación Internacional de Semillas) eligió a Lorena Basso como su primera presidenta en 102 años de historia. Basso, presidenta de Basso Semillas, empresa familiar argentina con casi un siglo de trayectoria, lleva más de dos décadas en el sector y forma parte del Consejo de Administración de ISF. Fruit Today conversó con ella en Lisboa durante el World Seed Congress para hablar de los retos del sector hortofrutícola, la regulación de las nuevas tecnologías y su hoja de ruta al frente de la federación.

Fruit Today: En el congreso predominan los cultivos extensivos (trigo, maíz, soja). ¿Cuál es la situación específica del sector hortofrutícola?

Lorena Basso: En horticultura, el gran problema sigue siendo el fitosanitario. Todo lo que es hortícola está muy afectado por los fitosanitarios. Las tecnologías de las que se habló en la conferencia de prensa sobre edición genómica todavía no están impactando directamente en el negocio hortícola, pero llegarán. En frutas y hortalizas hay desarrollos concretos, como uno sobre lechuga en Argentina, aunque todavía no han llegado a fase comercial porque la empresa tiene el producto listo pero no lo puede comercializar legalmente.

FT: ¿Cómo aborda Argentina la regulación de la edición genómica frente a lo que está haciendo Europa?

L.B.: Argentina fue el primer país en resolver esto, hace ya unos diez años. El sistema es binario y claro: ¿es OGM (organismo genéticamente modificado) o no es OGM? Si no lo es, sigue el registro tradicional. Si lo es, el registro de transgénico. No hay una tercera categoría, y eso da seguridad jurídica. Europa está ahora debatiendo una primera resolución y próximamente la llevará al Parlamento. Habla de dos categorías distintas, lo que es distinto al modelo argentino, pero la dirección es buena. La experiencia de Argentina es exportable. No hay que pensar todo de cero si otros países ya resolvieron el problema.

FT: En España hay una problemática recurrente con la semilla ilegal, especialmente en cítricos y patata. ¿Cómo lo ve desde la ISF?

L.B.: Es un problema difícil de resolver sin un acuerdo internacional o al menos supranacional, porque las legislaciones son nacionales y las realidades pueden ser totalmente distintas de un país a otro. Lo que sí tengo claro es que la propiedad intelectual hay que respetarla. Cuando se respeta, hay una devolución económica al semillero que genera un círculo virtuoso: inversión, innovación, resultados para el productor. La industria invierte entre el 10 y el 30% de su facturación en I+D, pero necesita el retorno. Y cuando un territorio no tiene propiedad intelectual, las compañías sencillamente no van.

FT: ¿Cómo afecta el cambio climático a la producción de semilla hortofrutícola?

L.B.: Desde el punto de vista de la producción de semilla, estamos trabajando en la adaptación de las fechas de siembra y los lugares de producción. El problema puede venir por lluvias extremas o por altas temperaturas: si una planta está en floración y recibe calor excesivo, la polinización falla y no hay productividad.

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Por eso hay que tener stocks suficientes, aumentar la superficie de producción o diversificar las ubicaciones. Cada año se pierden 2.000 hectáreas productivas en el mundo, por urbanización o porque las temperaturas ya no permiten producir. No queda otra que hacer esa superficie restante mucho más productiva, y eso es innovación.

FT: ¿Cuáles son sus prioridades al frente de la ISF?

L.B.: Tengo dos líneas claras. La primera es el género. Hay un montón de mujeres trabajando en la industria, en investigación, en regulación… que no tienen visibilidad. El 20% de los asistentes a este congreso son mujeres; nunca habíamos visto tantas. Después de 102 años, hay una presidenta y una vicepresidenta. Eso dice que el sector está cambiando, pero hay que seguir ampliando la base: cuantas más mujeres entren en las empresas, más habrá para elegir en los puestos directivos. La segunda línea es de resultados concretos: regulaciones mucho más alineadas entre países e implementación de sistemas fitosanitarios que permitan mover las semillas con mucha más agilidad. Mi obsesión es mover semillas. La semilla va y viene, y para eso necesitamos que los países estén alineados.

FT: ¿La sostenibilidad sigue siendo una prioridad real en el sector o ha perdido impulso tras la pandemia y la crisis geopolítica?

L.B.: Lo que siento es que la presión del Green Deal europeo ha bajado algo. Pero creo que la respuesta está en el medio: ni la radicalidad del ecológico puro ni la ausencia de criterios. Hay que pensar en una agricultura que use cada vez menos recursos, porque los recursos no van a estar disponibles. Y para eso tienen que estar sentados en la misma mesa tanto los países productores como los países compradores. No podemos construir una agenda solo desde el lado del consumidor sin pensar de dónde van a venir los alimentos. En el fondo, esto trasciende la semilla: tiene que ver con alimentar a un mundo donde hoy 700 millones de personas pasan hambre.

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