La nueva realidad en la cadena tras la Covid-19

La pandemia mundial de la Covid-19 supone un antes y un después en la Historia de la Humanidad. Un punto de inflexión cuyas consecuencias afectarán al conjunto de la sociedad y a la mayoría de las actividades económicas. Y la agricultura no es una excepción.

En apenas unos días, los agricultores pasaron de manifestaciones reivindicativas a tener que asumir, con su trabajo, un papel principal en la lucha contra el coronavirus. Una maquinaria clave que, sin hacer ruido, se ha puesto manos a la obra para seguir realizando su labor, a pesar de las restricciones de movilidad y el incremento de los protocolos de seguridad y de higiene laborales. Es decir, han demostrado estar preparados para las emergencias.

La capacidad de producción agroalimentaria de España ha sido fundamental para asegurar el abastecimiento de los hogares tanto españoles como europeos. Esta característica pone en valor al sector primario nacional, en contraposición con la industria de bienes sanitarios, que ha quedado señalada por su dependencia del exterior para obtener productos de primera necesidad a un precio desvirtuado al alza por la masiva demanda internacional.

En este sentido, ya hay eurodiputados que han alzado la voz para solicitar un mayor apoyo al sector agroalimentario como consecuencia de lo ocurrido. Juan Ignacio Zoido (PP) ha dicho que la UE debe “reordenar sus prioridades y reforzar la Política Agrícola Común (PAC)”, mientras que Clara Aguilera (PSOE) ha asegurado que Europa debe compensar las pérdidas de los agricultores y pescadores como consecuencia del coronavirus, de igual forma que actuó ante otras grandes crisis de mercado, como el veto ruso o la del E. Coli.

La Comisión Europea ya ha reaccionado con préstamos de hasta 200.000 euros en condiciones favorables para los agricultores afectados por la Covid-19. La CE ha formalizado su propuesta de extender un mes, hasta el 15 de junio, la solicitud de pagos de la PAC y aumentar el avance de pagos directos y de desarrollo rural.

Soberanía alimentaria

Esta crisis ha puesto de manifiesto la importancia que tiene la soberanía alimentaria de cara al futuro. Así lo ve el secretario provincial de COAG, Andrés Góngora, que considera que la agricultura saldrá reforzada. “Hay grandes cadenas que estaban trabajando con Marruecos o Senegal, que de la noche a la mañana han cambiado y quieren producto almeriense”, asegura e insiste en que el enfoque de estos supermercados va a cambiar porque “han pillado un susto muy grande y se han dado cuenta de la importancia de tener garantizado el suministro de alimentos”, algo que priorizarán a partir de ahora.

Góngora apunta que el agro tendrá que adaptarse a un nuevo escenario y cambiar “algunas cosas”, entre ellas, replantearse la producción de “determinados cultivos y variedades que no sean fundamentales, en función de cómo responda el mercado”. También señala que habrá que ver la profundidad de la crisis y cómo afecta al poder adquisitivo de los consumidores europeos, en un contexto de incremento del desempleo y de recesión económica global, pues vaticina que se producirán recortes en la compra de determinados alimentos.

Logística

La logística también se ha mostrado como una actividad capital. España cuenta con una importante flota de transporte de mercancías, lo que también ha permitido garantizar el abastecimiento alimentario, factor estratégico que no poseen otros países europeos como Italia, donde se ha complicado el envío hortofrutícola ante el riesgo de contagio, provocando un mayor coste de los portes al país.

Reacciones del sector

Desde COEXPHAL, su gerente, Luis Miguel Fernández, reconoce la incertidumbre existente en el funcionamiento de la cadena agroalimentaria después de la Covid-19. “La demanda y los hábitos de compra del consumidor final condicionan el funcionamiento de la cadena en productos perecederos, irremediablemente. En la medida que cambie el comportamiento del consumidor, ya sea en la frecuencia de las compras, los puntos de venta, los envases, etcétera, la cadena se ajustará exitosamente, no me cabe duda”, apunta.

En cuanto al manipulado del producto, la tendencia camina hacia una mayor apuesta por la confección a pie de finca. Así lo manifiesta Góngora, que recuerda que ya hay muchos clientes que se han concienciado de que es perfectamente normal que haya género de diferentes tamaños y formas, lo cual no va en detrimento de su calidad. Hasta el momento, el calabacín y el tomate rama llevan la delantera en la confección desde el invernadero y empieza a crecer en pimiento y en pepino ecológico, a la vez que hay cooperativas que piden a sus agricultores de confianza que lleven determinados productos como el tomate pera ya confeccionados, además de que hay otros en los que no será difícil adaptarse, tales como la sandía y el melón.

Los insumos y plásticos para los envases

El campo espera que, a corto y medio plazo, bajen los precios de algunos insumos muy importantes, como son los fertilizantes y los plásticos, tanto para su uso en envases como en invernaderos, como consecuencia del descenso del consumo de petróleo y su consiguiente bajada de precio. Precisamente, el plástico, que en los últimos tiempos se consideraba un ‘demonio’ al que había que extinguir, ha dejado de verse como el enemigo público número uno en la agroalimentación. El consumidor y la gran distribución han cambiado sus prioridades y con ello su percepción sobre este derivado del petróleo, cuyo uso generalizado para envases ahora se aplaude por ofrecer mayor seguridad sanitaria al cliente final.

El cambio de poder adquisitivo del consumidor

Desde el punto de vista de los consumidores, la situación de futuro vendrá determinada por cómo queda su poder adquisitivo, una vez que la economía se reactive y tenga que amortiguar la reducción del PIB y el incremento del desempleo, así como la deuda del Estado. Hasta la fecha, sólo una pequeña parte de la población compraba los alimentos priorizando otros aspectos que no fueran el precio y está por ver cómo reaccionará a partir de ahora, cuando se ha visto que la salud, la higiene y la seguridad alimentaria son fundamentales. Sin embargo, cada uno decidirá dentro del margen que le permita su bolsillo y desde COAG creen que a la gran mayoría no le quedarán muchas opciones que no sean comprar vía precio, más aún, con la percepción existente de que si algo está en los lineales de los supermercados significa que “su consumo es seguro”.

El presidente de la Unión de Consumidores de Andalucía (UCA), Juan Moreno, afirma que el trauma vivido por la alerta sanitaria tendrá consecuencias en los hábitos de compra y consumo. “Estos días hemos tenido tiempo para pensar y planificar nuestras compras y hemos comenzado a ver lo que es básico y lo que es superfluo; en el futuro, seremos unos consumidores más reflexivos, con más criterio, más conscientes e inteligentes”, señala.

Si Moreno tuviera que destacar algún cambio significativo de esta situación de crisis “sería la irrupción con fuerza, y para quedarse, del consumo online en alimentación, hasta la fecha anecdótico, pero que a partir de ahora crecerá significativamente”. Otra tendencia al alza que aprecia radica en “la valoración y apreciación de la alimentación fresca, cuya demanda puede aumentar”, apostilla.

Distribución

El comportamiento futuro de los mercados es imprevisible. Los comerciales del agro reconocen que lo que antes experimentaba cambios sustanciales en cuestión de un mes, ahora se produce en tan sólo 24 horas en lo relativo a las peticiones y exigencias que les hacen las cadenas de distribución internacionales.

Para el secretario general de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS), Felipe Medina, el sector en su conjunto, productores, cooperativas, industria, transporte, distribución, etc., ha sido un ejemplo de capacidad de reacción ante cambios sin precedentes en el consumo, que se han producido tanto en lo referente a la demanda como a la velocidad con que se han sucedido.

“La eficiencia de la cadena, que cuenta con un sistema logístico muy avanzado, ha sido el motivo por el que hemos sido capaces de responder a la sociedad, tal y como ésta nos lo ha pedido”, asegura. Medina reconoce que esta crisis “nos ha enseñado que la colaboración entre eslabones es la mejor garantía para ofrecer a los consumidores lo que demandan en cada momento. Cuando el consumo se normalice completamente deberemos seguir apostando fuerte por el diálogo para mejorar, entre todos, una cadena en la que todos se vean fortalecidos y en la que se tome muy en cuenta el enfoque hacia el servicio al consumidor”.

Para sobrellevar mejor esta crisis ha sido fundamental el papel que ha desempeñado la tecnología. A partir de ahora, se espera que el avance de la digitalización sea aún más rápido y sus aplicaciones sean unas herramientas clave para optimizar todavía más el funcionamiento de la cadena.

 

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