Paco Borrás: “El precio de un protocolo supone unos 0,14 euros por kilo”

El que durante más de tres décadas fuera director comercial de Anecoop, y hoy en día consultor, habló con Fruit Today con la perspectiva que le confiere estar fuera de una organización y no estar subyugado por los problemas del día a día.

¿Cree usted que la citricultura valenciana tiene futuro?

Sí, pero bajo magnitudes diferentes. El factor tecnología nos indica que los almacenes deben mover entre 50.000 y 100.000 toneladas con un calendario de 7-8 meses y, aquellos que puedan, combinarlo con la importación para estar activos los 12. Para muestra, un botón: desde 1993 hasta la actualidad han desaparecido 400 almacenes en España y de ellos 350 en la Comunidad Valenciana, casi todos ellos de tamaño pequeño.

Por otro lado, tenemos el problema de la explotación de la tierra, con unas cifras de abandono de los campos cada día mayores. Lo que antes dio riqueza a los núcleos urbanos y rurales, hoy degrada el ecosistema de los pueblos y se convierte en un problema medioambiental, al que no se hace frente.

España cuenta con una renta de situación absolutamente favorable. Y esta renta comprende varios factores: una situación geográfica óptima con 600 millones de consumidores a los que llegamos sin aranceles, un calendario equilibrado de variedades, una menor huella de carbono que otros orígenes, seguridad alimentaria y sostenibilidad ambiental garantizada y, sobre todo, calidad junto a un ‘know how’ acumulado durante un siglo; pero lo que es más importante, un tiempo récord desde el árbol a la mesa que otro origen no puede superar.

¿Cómo podemos hacer frente al grave problema del abandono de campos que rodean los pueblos, donde hace décadas se creaba riqueza?

En nuestros pueblos, si no se hace un planteamiento correcto, sufriremos un grave deterioro ambiental al que se suman los estragos que el cambio climático hace en determinadas comarcas productoras. Estamos viviendo una verdadera crisis medioambiental y no le damos importancia. Nos vemos abocados a vivir rodeados de campos abandonados, que bien podrían reconvertirse en polígonos agrícolas, pero son las diferentes administraciones las que deben tomar cartas en el asunto.

¿Puede ser un gran revulsivo la entrada en nuevos mercados?

Por supuesto. Vivimos en un mundo global y aunque Europa haya sido, y es, nuestro principal mercado, la logística actual nos permite llegar lejos. Por ejemplo, no vendemos ni en Japón ni en Méjico y en Estados Unidos se nos han comido, y no por el 25% de Trump, que también, sino que sucedió mucho antes. Ahora las casi 100.000 tn de cítricos los vende Marruecos, país que se ha quedado con el saber hacer de las empresas españolas que ya no están allí.

Si los europeos nos preocupamos porque nuestra agricultura sea competitiva, ¿cómo es posible que no hayamos puesto freno a los protocolos que firma país por país y que encarece el producto unos 12 o 14 céntimos el kilo?

Los pomelos chinos vienen aquí sin protocolo y nosotros señalamos la parcela previamente, pagamos los inspectores, el hotel, el traductor y un largo etc. y encima de esto, cumplimos con un protocolo que nos obliga a realizar un cool treatment, encareciendo el producto.

Un país que quiere vender en Europa, negocia en Bruselas su entrada, pero para la exportación, los 27 o 28 debemos negociar de manera individual. Esto es una verdadera aberración. Hay que negociar en la misma mesa y en el mismo  momento. Es decir, si tú quieres vender en Europa, nosotros queremos vender en tu país. Si tus uvas vienen sin cool treatment, yo quiero que las mías también. Si yo tengo plagas, estoy seguro que tú también.

¿Por qué no se produce esto si los europeos saldríamos ganando?

Es un tema muy profundo y que está muy impregnado en las propias instituciones y no se cuestiona. Es un modus operandi que se asume a pesar de que nos resta competitividad. Hay eurodiputados que no saben de qué les hablas.

¿Hay fractura en la U.E. entre el norte y el sur con este problema?

No. Es un problema común a otros países como Polonia, Alemania, Italia o Francia con sus producciones de manzanas y Bélgica y Holanda con las de peras.

¿Es Sudáfrica uno de los grandes enemigos del campo valenciano?

Y Egipto y Marruecos…… Todos los países del mundo intentan posicionarse lo mejor posible en todos los destinos al igual que procura hacerlo la producción española. Otra cuestión es el tema fitosanitario. Esto son palabras mayores y debe abordarse mediante el diálogo.

Es más, creo que Sudáfrica o cualquier país del hemisferio sur es un aliado de muchos exportadores españoles (aquellos que trabajan los 12 meses al año) porque es inviable contar con producto español para vender en Europa o en el mercado interior en el corazón del verano.

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