Patata, de los rechazos a la carestía de producirla

El cultivo de la patata ve como cada día aumenta sus costes, sin posibilidad alguna de revertirlos. Además, las grandes superficies demandan una patata visualmente perfecta en una campaña en las que las turbulencias climatológicas no lo han hecho posible

Los productores y comercializadores de patata están hartos de las exigencias que impone la gran distribución que vela para que en sus lineales se exhiba una patata totalmente perfecta. Los rechazos de un producto que no ve minada su calidad por no ser perfecto por fuera están al orden del día. A ello se suma una situación de subida de costes tanto en el propio cultivo como en la central, que pone al sector en una delicada posición.

La situación es de tal magnitud, que desde el mundo sindical se ha advertido de que, si la distribución no se adapta a los condicionantes agronómicos del producto, que está resultando más feo de lo habitual, se podría entrar en una situación de desabastecimiento en las tiendas.

El origen de esta coyuntura reside en las difíciles condiciones climatológicas a las que han estado sometidos los cultivos en esta temporada. Un verano marcado con grandes olas de calor y fuertes descargas tormentosas.

La producción de patatas se ha visto afectada, tanto en España como en el resto de Europa, por el secado prematuro de la mata, lo que le hace perder apariencia, otorgándole un peor aspecto visual, aunque esto no afecta a sus cualidades culinarias y puede consumirse con total confianza y garantías sanitarias.

A esta situación se suma una dificultad añadida para la comercialización del producto, dado que aparte de una peor presencia, el secado antes de tiempo ha motivado que toda la patata venga «de golpe», aumentando la problemática con el almacenamiento de la misma, ya que no se puede dejar el tubérculo en la tierra, pero tampoco se puede almacenar en los lugares convencionales a consecuencia de las altas temperaturas registradas hasta mediados de septiembre.

Otro de los grandes hándicaps que vive el tubérculo, aunque también todo el sector hortofrutícola, es el sustancial incremento de todos los inputs del negocio con unos precios de los tratamientos por encima de la media 2021 y mayores costes energéticos para el almacenamiento 2021-2022. Está situación, al contrario que remitir, seguirá al alza en toda Europa, que ve, de manera generalizada, como los costes energéticos no dejan de subir.

Descenso de la producción

La producción total en la zona NEPG (Grupo de Productores que incluye los países de Alemania, Reino Unido, Francia, Bélgica y Holanda) se sitúa en torno a 22,4 millones de toneladas producidas en una extensión de 497.700 ha.

Una cifra más baja que la del año pasado debido a la reducción del área sembrada (en parte, producida por el consejo de la propia asociación para hacerlo), y muy similar al promedio de 5 años.

En algunas áreas de Bélgica y Alemania Occidental, las precipitaciones a mediados de julio llegaron a máximos históricos. Desde mediados de julio, los problemas de tizón o mildiu de la patata han sido una preocupación constante para los productores, cuyos costes en los tratamientos alcanzarán niveles récord.

Los rendimientos sean aproximadamente iguales a los del año pasado, es decir, 45 toneladas/ha y ligeramente por encima del promedio de 5 años, aunque habrá diferencias importantes entre los rendimientos brutos y netos.

Por otro lado, una vez atravesado el peor tramo de la pandemia los procesadores de patata han estado trabajando a plena capacidad. Las exportaciones de la UE-27 tuvieron muy buenos resultados en junio (+ 63 % en comparación con junio de 2020).

Las ventas totales de productos europeos de patata procesada aumentaron un 13% en comparación con la 2019/20.

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