El desperdicio: un problema en ‘cadena’

Con una tasa de inflación que el mes pasado superó el 10%, las cadenas británicas hacen filigranas para reducir el desperdicio alimentario. No resulta una tarea fácil e incluso provoca en los consumidores alguna confusión.
Miguel Flavián

Cuando un español entra en un supermercado británico le impacta ver como en la sección de frutas y hortalizas la gran mayoría de productos están envasados, frente a la mayor presencia que tiene la venta a granel en las tiendas españolas.

Este envasado aporta conveniencia y ayuda a que la compra sea rápida ya que basta con escanear un código de barras y no hay que pesar productos, aspecto muy apreciado por los clientes británicos. Otra medida de eficiencia que introdujeron las cadenas de este país es la de poner una fecha de consumo preferente en los envases de frutas y hortalizas. No era un requerimiento normativo para las piezas enteras, pero ayudaba en la gestión: el empleado al cargo de la sección detectaba qué productos se acercaban a la fecha de consumo preferente y sabía que tenía que aplicar un descuento o ponerlos en la parte delantera del lineal para que se vendieran los primeros.

Sin embargo, lo que aportaba un beneficio claro en la gestión del desperdicio alimentario en la tienda, en el hogar lo empeoraba dado que los consumidores se tomaban esta fecha como fecha de caducidad y tiraban productos en perfecto estado, ya que habían traspasado su límite de consumo preferente, que no tiene nada que ver con la caducidad.

Ahora que todos estamos más concienciados, la mayoría de los supermercados están eliminando estos códigos para evitar el desperdicio en el hogar. Naturalmente, al eliminar esta fecha, están buscando otras alternativas. Algunas cadenas imprimen un código en la etiqueta que indica a los responsables de la sección del día de envasado y día límite para estar en el punto de venta, y tienen que hacer unas pocas matemáticas para ver si el producto tiene que estar en el lineal o ya «ha caducado» su vida comercial.

Desde mi punto de vista, Asda es la que más se ha esforzado en tomar medidas para paliar las consecuencias que esto pueda tener en el punto de venta y, además, ha introducido una comunicación que, a mi juicio resulta bastante positiva. Ha decidido dedicar más empleados y más horas a la sección de frutas y hortalizas, y otorgar mayor formación a estos empleados para que se aseguren que el producto en el punto de venta está bien presentado y tiene calidad comercial. Han convertido el asunto en un argumento positivo, al comunicar a sus clientes que hay un frutero dedicado a la sección describiendo sus funciones (ponen una fotografía bien grande del empleado en la entrada de la sección), mientras que otros supermercados o no explican nada o dicen que es una medida para reducir el desperdicio en los hogares.

Aunar todos los objetivos que tienen las cadenas sobre la mesa -eficiencia, sostenibilidad, menos desperdicio, cuenta de resultados, etc.- es muy difícil, y la medida de quitar las fechas de consumo preferente (como también lo es poner más productos a la venta en granel), que supongo nos parece muy razonable a todos, ¡tiene un gran impacto en la gestión de la sección!

Creo que el siguiente paso para conseguir el objetivo de reducir el desperdicio con mayor intensidad va a ser volcarse en educar más a los consumidores, para darles criterios a la hora de decidir si pueden comer una fruta o una verdura o si ya se ha pasado, y cómo conservarlas en el hogar de forma óptima.

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