¿Es rentable ser sostenible?

Por muchos años, la sostenibilidad fue vista por las organizaciones como un asunto reputacional o al margen de su estrategia: importante pero difícil de conectar con los resultados del negocio. Hoy esa conversación cambió. La pregunta ya no es si las empresas deben ser sostenibles, sino cómo la sostenibilidad puede convertirse en una ventaja competitiva real y en una gestión de riesgos e impactos económicos, ambientales y sociales para permanecer en el tiempo
SOSTENIBILIDAD-AGRICULTURA

Por Juana Botero, gerente de Sostenibilidad del Grupo GreenLand.

En el sector agroindustrial, en el que actualmente me desempeño, esta conversación es especialmente relevante. Dependemos de activos naturales y sociales que no son reemplazables: el suelo, el agua, la biodiversidad y las condiciones climáticas que permiten producir alimentos, así como la mano de obra, la innovación y la tecnología. Por eso, cuando hablamos de sostenibilidad, en realidad estamos hablando de la capacidad que tienen los negocios para seguir existiendo en los próximos años y décadas.

La agricultura regenerativa, que ha sido nuestra apuesta, surge precisamente desde esa lógica. No busca únicamente reducir impactos ambientales; busca fortalecer los sistemas productivos desde su origen. Un suelo sano es más productivo, más resiliente y más capaz de sostener la rentabilidad de una empresa en el largo plazo. Cuidar el suelo es una decisión empresarial estratégica.

Pero la rentabilidad desde la óptica de la sostenibilidad va más allá de la productividad. También se refleja en la capacidad de acceder a nuevas fuentes de financiación, generar confianza y construir relaciones de largo plazo con aliados estratégicos. Cada vez más organismos multilaterales, bancos de desarrollo e inversionistas están orientando recursos hacia compañías que demuestran compromisos verificables en materia ambiental y social.

En GreenLand hemos visto cómo esa tesis comienza a materializarse. La sostenibilidad dejó de ser una promesa para convertirse en un criterio que facilita el acceso a instrumentos financieros y mejores condiciones de crédito que apalancan el desarrollo económico, social y ambiental de una región. Es una señal clara de que los mercados están reconociendo el valor económico de las empresas que gestionan adecuadamente sus riesgos e impactos ambientales y sociales y que maximizan sus oportunidades.

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Al mismo tiempo, este enfoque nos ha permitido ampliar nuestra red de aliados y trabajar de manera más articulada con comunidades, organizaciones sociales, entidades públicas y actores del territorio. La sostenibilidad, hoy más que nunca, nos exige entender que las compañías no operan de manera aislada, porque todos dependemos de la naturaleza, cadenas de valor y comunidades que hacen posible nuestra actividad productiva.

Por supuesto, los retos siguen siendo enormes. Medir el impacto con precisión, integrar información ambiental, social y productiva, y anticipar fenómenos asociados al cambio climático; son solo algunos desafíos que todavía enfrentamos como sector. Sin embargo, la dirección es clara: las empresas que comprendan esta realidad estarán mejor preparadas para competir en un entorno cada vez más exigente y volátil.

La sostenibilidad no es un gasto adicional para los negocios del futuro. Es una condición necesaria para que esos negocios sigan existiendo y generando valor económico, social y ambiental en todos los territorios donde impacta.

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