En esta entrevista, el directivo pone el foco en la presión de los costes y el cambio silencioso que ya se ve en los lineales europeos hacia los formatos mini, así como una producción local que recupera métodos de hace medio siglo.
¿Qué desvela la actual campaña de melón y sandía en estos momentos?
Veo una temporada difícil. Creo que va a haber una producción casi igual o parecida a la del año pasado, pero nos tienen que acompañar las temperaturas, todo y que, el poder adquisitivo de los consumidores se está resintiendo debido a la guerra.
Habla de temperaturas y de bolsillo. ¿Qué pesa más este año?
Las dos cosas no están reñidas: el poder adquisitivo es menor y coste de producción mayor porque cuando sube el petróleo, sube todo.
Si miramos a junio y julio, cuando ya estén todas las zonas en producción, ¿qué escenario espera?
La producción va a ser la misma. Si el tiempo acompaña, podremos hacer campaña; si no acompaña, no deseo recordar cómo fue la del año pasado, cuando los agricultores dejaron de cortar producto en campo. Fue algo desolador.
En Europa, el Piel de Sapo arrastra el tópico de “melón verde”. ¿Tiene recorrido o seguirá siendo minoritario?
El consumidor europeo lo ha considerado “verde, no acabado” porque lo que se le ha mandado no ha tenido calidad. Hoy, ya podemos jugar con variedades mini que sí ofrecen calidad. Cuando el consumidor las pruebe, el melón se hará con un hueco en el lineal, aunque, de momento, el amarillo es el que domina.
¿Sigue la sandía escalando en consumo frente al melón?
Sí. En parte por el precio, porque es muy económica, y también por la calidad: normalmente, el 90% de sandías son buenas. En melón, por desgracia, se cambia de variedad cada 15 días y es difícil mantener siempre el mismo gusto.
¿Cómo va el proyecto de sandías y melones mini?
Va muy bien, según lo previsto. Y es que creemos que el futuro está ahí: en piezas pequeñas. Las familias son más reducidas, a todo el mundo no le gusta la misma fruta y es muy fácil guardar en la nevera. Tiene muchas ventajas y pensamos que va por ahí, tanto para melón como para sandía.
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Más allá de los minis, está el proyect$o de producción local. ¿En qué punto se encuentra y dónde se ubica la producción?
Va “como el viento”, con mucha ilusión. Empezamos con 5 hectáreas el primer año, subimos a 20 el segundo, este es el tercero y estamos en 32, con previsión de 70 el año que viene. La producción proviene de municipios cercanos como La Llosa, Almenara, etc., de La Marjal.
Cuando explica que desean cultivar melones “como en los años 70-80”, ¿qué significa exactamente?
Significa hacerlo con riego a nivel freático, ni manta ni goteo. La calidad que ofrece esto es muy difícil de igualar; está muy en función del nivel del agua y de la salinidad. Es verdad que hay menos rentabilidad en kilos, pero lo vamos a conseguir: este año ya estamos con una producción de un millón de kilos.
En todo este giro hacia lo local y lo tradicional, ¿hay alguien clave en su memoria?
Sí. A mí me gustaría hacer referencia a José Aleixandre, el padre de mi socio, que fue quien me enseñó a cultivar melones como se hacía en los años 70 y 80.
Y para sostener todo esto hace falta inversión. ¿En qué se ha concretado esa “revolución” de proyectos?
Queremos ser un referente en el sector, estar ahí. Y las inversiones han sido ampliación de almacén, compra de una finca e introducción de tecnología de última generación, precisamente para cultivar estos melones de los que estamos hablando.























































