A diferencia de otros hongos que infectan la fruta en el campo, Geotrichum candidum actúa principalmente durante las fases posteriores a la recolección. Su elevada velocidad de colonización y su facilidad de transmisión lo convierten en un problema especialmente relevante en campañas de alta producción, como las de la Plana de Lleida y la franja de Huesca.
El hongo provoca lesiones acuosas en el fruto, acompañadas de un olor ácido muy característico. En condiciones de humedad elevada, puede aparecer además un crecimiento miceliar blanco y cremoso sobre la zona afectada.
Un riesgo elevado por transmisión entre frutos
Uno de los principales problemas asociados a este patógeno es el denominado efecto “nesting” o nido. Esto ocurre cuando frutos sanos entran en contacto con una pieza infectada y desarrollan síntomas en pocas horas, favoreciendo la expansión del problema dentro de los lotes almacenados.
Este comportamiento obliga a extremar las medidas de prevención durante la manipulación, el lavado, el almacenamiento y la conservación de la fruta de hueso, especialmente cuando se trabaja con producto sensible, maduro o con daños mecánicos.
Factores de riesgo en campo y postcosecha
Agroborges señala que los factores de riesgo se concentran en dos momentos clave: el campo y la postcosecha.
En campo, la recolección en condiciones de calor extremo, la presencia de fruta sobremadura o los daños mecánicos incrementan la probabilidad de infección.
En postcosecha, los principales factores que favorecen el desarrollo del hongo son los retrasos entre la recolección y la entrada en cámara, el uso de agua de lavado con alta carga orgánica y una higienización deficiente de la maquinaria y las instalaciones.
Prevención y control integrado
La estrategia de control debe abordarse desde un enfoque integrado. Según Agroborges, la medida más eficaz es el preenfriamiento rápido, reduciendo la temperatura de la pulpa por debajo de 5 °C en menos de 6 horas tras la cosecha.
A esta práctica se suma la higienización exhaustiva de cámaras, líneas de confección y maquinaria antes del inicio de campaña, así como el cambio frecuente del agua de lavado para evitar la acumulación de materia orgánica.
En los casos en los que sea necesario, la estrategia puede completarse con el uso de fungicidas autorizados para postcosecha, con materias activas como fludioxonil o pirimetanil, siempre dentro del marco normativo vigente.
Con estas medidas, Agroborges subraya la importancia de anticiparse al problema y reforzar los protocolos de manejo para reducir pérdidas, preservar la calidad comercial de la fruta y evitar la propagación del patógeno durante la conservación.
























































