Los Velasco son propietarios de dos cines, el de Alhama de Murcia y el de Totana.La primera imagen que transmite José es la de un hombre parco en palabras, serio y muy centrado en su negocio. Pero nada más lejos de la realidad porque cuando estás con él, respira nobleza y sencillez. Sonríe habitualmente y es facilón con la cámara, lo cual es de agradecer. Le gusta vivir en el campo, acompañado de sus tres perros: Karma, Nube e Iru.Es padre de dos hijos, altamente preparados, que ya trabajan con él y posee la tranquilidad de la sucesión familiar.
¿Qué recuerdos le trae este cine?
Yo me he criado aquí. Mi padre, aunque trabajaba en el negocio de la fruta, y falleció muy joven, cuando yo tenía 14 años, era una persona muy inquieta, e invertía en otros negocios. Uno de ellos fueron los cines y tanto en este de Alhama como en el de Totana, con unos 8 años, llegué incluso a colaborar en la obra, moviendo carretillas de material para ayudar a los albañiles. Recuerdo que dentro de la sala siempre prefería las butacas más elevadas para ver mejor, porque yo era pequeño.
¿Qué tipo de películas prefiere?
En general, las de acción y las comedias inglesas.
Dígame su actor y actriz favorito.
Son Al Pacino y Nicole Kidman.
Pero los cines no son, hoy en día, muy rentables.
Sí, es cierto. En los nuestros solo se trabaja los fines de semana, pero los conservamos porque es una tradición familiar y nos da pena cerrarlos.
¿Cómo empieza usted en el mundo de la fruta?
Mi abuelo le mandaba fruta a mi padre, y éste la vendía en Mercamadrid, en Legazpi. Yo, desde muy pequeño, al ser el chico mayor de 8 hermanos, siempre estuve ayudándole y aprendiendo con él. Mi padre me mandaba al banco a ingresar talones. Yo era tan renacuajo que no alcanzaba ni al mostrador de caja, pero fue una preparación para aceptar responsabilidades.
Al morir él, tomé las riendas del negocio para ayudar a mi madre y a mis 7 hermanos. Creo que la vida me estaba preparando para todo lo que ha venido después, como si la hubiera tenido trazada como en el guion de una película.Mis hermanos decidieron hacer estudios superiores, pero yo quería trabajar y monté la empresa, con 18 años.
No podrá quejarse, porque si no me equivoco es la empresa familiar más grande del mundo en uva de mesa.
Sí, creo que sí, o una de las más grandes. Otras están participadas por fondos de inversión, en los que, de momento, no estamos interesados.
Con toda la familia en el negocio, será altamente improbable que ustedes no hablen de éste en casa.
Es algo que tenemos totalmente prohibido y lo respetamos a rajatabla. Eso se lo garantizo. No nos llevamos los problemas ni los triunfos a casa, intentamos blindar ese espacio.
¿Por qué le llaman El Ciruelo?
Por mi padre, que era el que abastecía a Legazpi con ciruelas de la zona. Lo mandaba mi abuelo con la fruta y él se encargaba de venderla. Lo apodaron El Ciruelo y yo pensé que podía ser en homenaje a él.
¿En casa también son de ver mucho cine?
Sí, vemos las películas en una pantalla de proyección. Este fin de semana he visto, por octava vez, El Padrino. Me hacía mucha ilusión verla con mi hijo, que no la conocía. Es un clásico que yo podría ver mil veces.
Me han dicho que conserva sus amigos de la infancia, aún sin Facebook y redes sociales.
Somos un grupo de unos 20 que, para no perder la relación después de casarnos y alejar las vidas, establecimos un día al mes para reunirnos, el último miércoles del mes. De esta manera no hemos perdido el contacto después de 30 años. No es que siempre estemos los 20, acude quien puede, pero así el grupo se mantiene vivo.
¿Viaja mucho?
Bueno, hago unos 70.000 kilómetros al año en coche y voy a Brasil, a nuestra empresa, unas 3 o 4 veces al año, más los viajes comerciales a Europa. Con la familia tenemos establecido un viaje anual en septiembre y otro cuando acaba la campaña de uva, a principios de enero. Entonces, después del bullicio de las Navidades siempre me voy con mi mujer a visitar bodegas por España o fuera.
O sea, que le gusta un buen vino y muy posiblemente también la comida. ¿Por qué vinos se decanta?
Si tengo que elegir, un ‘Ribera del Duero’, acompañado de una buena carne. Aunque no le hago asco a los pescados, de los que, en Murcia, tenemos unos cuantos.Si me das a elegir un restaurante, me quedo con el Nazareno, en Roa, cerca de Peñafiel. Me une una anécdota muy curiosa con su propietario, al que le envié una caja de uva y al mensajero no se le ocurrió nada más que cobrárselas. Me llamó enfadado diciendo que él tenía mucha uva en la zona y que cómo se me había ocurrido cobrarle. Le dije que era un malentendido, lo aclaramos y desde entonces somos amigos.