Cupalma: el ADN cooperativo de la isla

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Su origen y su trayectoria convierten a Cupalma en la entidad de mayor raigambre cooperativa histórica de la ‘Isla Bonita’

Fruit Today habló con Domingo Martín, gerente de Cupalma, una de las Organizaciones de Productores de la ‘Isla Bonita’ de mayor trayectoria histórica.

¿Cuál es la característica diferencial de Cupalma?

El Cupalma actual es el resultado de la fusión de varias cooperativas de esta misma isla. Contamos con más de 2.000 agricultores pequeños, cuya producción se da en media hectárea de tierra. Esta situación confiere una peculiaridad a las explotaciones que son atendidas de manera muy directa con un seguimiento al pie del terreno.

Otra de nuestras distinciones es que contamos con producciones en las zonas más recónditas de la isla, una isla que cuenta con una orografía muy escarpada y gran altitud. El más alejado de nuestros productores se sitúa en la fajana de Garafía (y por fajana se entiende no lo que ahora comentan los medios, sino un terreno en plataforma erosionado y con tierra encima).

Ustedes han abogado siempre por un modelo de concentración basada en la fusión más absoluta, y no como algunas otras uniones que se realizan a ‘medio pelo’.

Sí, por supuesto. Cupalma está en toda la isla y durante más de treinta años hemos llevado a cabo labores de concentración vía fusión total. Se han realizado tres operaciones de fusión de cooperativas, en un entorno en el que no hay una mentalidad proclive a esta idea. Desde mi punto de vista si se da una verdadera fusión para ganar eficiencia y cuota de mercado, se debe realizar al 100%, es decir, las empresas objeto de la fusión desaparecen y se crea una nueva entidad.

Creo que en el mundo actual es la única salida viable. Debemos fomentar la fusión de las cooperativas, pero es una vocación que presenta muchas resistencias. El propio ministro de Agricultura nos lo ha sugerido en las reuniones mantenidas.

¿Cree usted que los plátanos producidos en esta isla tienen un marcado carácter diferenciador? Al menos, así me lo han comentado algunos maduradores.

Toda Canarias produce un plátano de extraordinaria calidad cuyo resultado se traduce en la importante demanda que tenemos en la península y en el hecho de que el consumidor final sabe distinguir entre una banana que procede de otros continentes y nuestro producto. Sin embargo, es cierto que La Palma, al ser la isla más occidental, tiene una benignidad de clima y de suelos muy favorables para este cultivo.

Ustedes también poseen dos empaquetadoras en el sur de Tenerife.

Sí, así es. Cupalma cuenta con dos almacenes allí, uno propio y otro alquilado. Tenerife nos permite ser un complemento durante la producción de invierno, momento en el que se produce el mayor pico de demanda.

Desde su punto de vista, ¿por qué se han lanzado tantas empresas al negocio de la maduración de plátanos en la última década?

Personalmente creo que el plátano es un producto gancho, algo parecido a lo que sucede con la leche. Para muchas comercializadoras resulta complementario en su cartera en la negociación con los supermercados.

Y sobre la moda que aterrizó en algunas cadenas de distribución para tener maduración propia tal y como lo hacen otros gigantes del retail en Europa. ¿Cuál es su opinión?

Personalmente no creo en esta fórmula. En una organización no se puede hacer todo. Hay una frase que utilizan los americanos cuya traducción es: “los intermediarios se pueden eliminar, pero lo que hacen, no”. Supongo que la lectura que hizo la distribución española en un momento dado era que el negocio de la maduración era una mina, con márgenes tremendos. La realidad es otra: la maduración es un tema muy personal, que necesita una presencia y seguimientos continuos, incluidos los fines de semana. Esto es una absoluta realidad y significa un sacrificio por parte del madurador que se desconoce. Es un trabajo de 24/7.

¿Dónde maduran los plátanos de los innumerables supermercados que tiene hoy esta isla de 80.000 habitantes?

Personalmente no creo que en La Palma estén justificadas tantas grandes superficies en una isla en la que no crece de población. Nuestra tasa de universitarios es de las más altas, sin embargo, una vez formados, no vuelven y la isla pierde habitantes.

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