El tomate se asfixia

Las especialidades pierden rentabilidad, igual que ha pasado con los tomates gordos convencionales. ¿Queda futuro para esta categoría?

La mayor zona productora de tomate de España, la provincia de Almería, arrancó la nueva campaña agrícola 2019/20 con malas noticias. Este cultivo, hasta hace pocos años la ‘estrella’ del agro, vuelve a descender nuevamente en superficie hasta las 8.790 hectáreas, 765 menos que la campaña pasada, cuando se contabilizaron 9.555 hectáreas, según cifras de la Delegación Territorial de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de Almería. Esta cifra supone un descenso del 8%, y es similar a la del 10% que estiman las casas de semillas, según las fuentes consultadas por Fruit Today.

La evolución descendente que se viene constatando desde hace varias campañas contrasta con el alza de otros productos, principalmente el pimiento, que se ha encumbrado en lo más alto del podio con 11.570 hectáreas, 445 más que en 2018/19 (11.125 hectáreas), lo que representa un 4% de incremento. El temido ‘sorpasso’ es una realidad, y la situación es francamente pesimista para el tomate.

Los distintos eslabones de la cadena se afanan en buscar salida a un ‘fuego’ con muchos focos a extinguir. Las obtentoras siguen buscando variedades con la mayor calidad (entendida en términos de sabor, principalmente), y que cuenten además con resistencias y poscosecha para resistir el ‘viaje’ por la cadena alimentaria. De forma paralela, tratan de darle al consumidor ese punto de innovación que demanda, pero ¿qué busca exactamente? Tras ampliar la paleta de colores, calibres y sabores, ahora la tendencia más clara es el desarrollo de materiales funcionales. En el mercado ya hay ejemplos como el de Syngenta con Yoom, y otros que están por llegar.

Desde Seminis (propiedad de Bayer) están investigando en distintos sentidos y señalan que uno de los aspectos más importantes es “ir de la mano de la cadena”. Y es que, como afirma Luis García, Market Development de Bayer, “hacer mejora de especialidades es muy complicado porque no hay unas directrices claras”. Un ejemplo a seguir podría ser “el mercado del marmande, que se mantiene y crece porque el agricultor lo vende con su nombre». La idea es tener más calidad aunque haya menos kilos, y esa máxima debería aplicarse al resto de especialidades”, puntualiza.

Hablando de marcas en marmandes, la que más fuerte está sonando es Adora, de la casa de semillas HM.CLAUSE, una variedad que ha cosechado un éxito importante en poco tiempo gracias a su sabor, presencia exterior y una poscosecha que permite exportarlo con todas las garantías.

Y dentro de las especialidades que más kilos sacrifican en pos de la ansiada calidad organoléptica, cabe subrayar la labor de La Palma con Amela, como podrán ver en las sucesivas páginas de este Especial de Tomate. Alternativas como ésta son muy costosas y necesitan de un fuerte respaldo y una estrategia muy medida. “El retail se ha dado cuenta de que hay que estar en el sabor, pero a un precio razonable”, explicó a Fruit Today Carmelo Salguero, director comercial de la empresa. Además, a la hora de comercializar una especialidad con una marca concreta, hay que ser capaces de ofrecer siempre el mismo sabor. “Los consumidores no perdonan los fallos a una marca. Y en productos perecederos este factor es muy importante”.

¿La especialidad lo es todo?

Según el presidente de Coprohníjar, Juan Segura, la respuesta es no. “Las especialidades se están asfixiando, igual que ha pasado con los tomates gordos convencionales”.

Los márgenes para el agricultor se reducen cada vez más, mientras que los costes no dejan de subir. El ejemplo más reciente, el incremento del SMI, vuelve a poner en tela de juicio el doble rasero con el que se mide al producto nacional y al de terceros países. “Coger 1 ha de cherry aquí, solo en mano de obra y seguridad social cuesta más de 5€/m², y he visitado otros países como Marruecos donde no se llega al euro. Así es imposible competir. Además, a nosotros nos exigen auditorías y análisis de todo tipo, pero a otros orígenes no”, lamenta Segura.

“Si no se trabaja sobre este tema no le auguro muchos éxitos al tomate, sobre todo al cherry. Tiene muchísima mano de obra, los costes de seguridad social son altísimos y se suma la competencia desleal de otros países, no solo Marruecos sino todos los de la cuenca Mediterránea (Túnez, Egipto…). La UE debería mirar más por lo que tiene dentro que por lo de fuera”.

Tampoco hay que perder de vista al principal competidor dentro de Europa. “Holanda también avanza y coge más meses de invierno con ramo, y se está metiendo más en cherry, principalmente redondo, porque posiblemente le vea más salida que al pera”. Su liderazgo en innovación es indiscutible y les permite quintuplicar el rendimiento por metro cuadrado frente a los cultivos españoles.

Desde BioWorld, el managing director Job van den Berg, señala el enorme diferencial entre las fincas de España, con una producción de 10-12kg/m² en tomate rama de ciclo largo y las de Holanda, con casi 50 kg/m². Y la I+D no para. “En 5 o 10 años Holanda podría tener todos sus invernaderos robotizados. Si España diera un paso más en la profesionalización del sector, crecería mucho”.

Es necesario buscar soluciones urgentes a las problemáticas existentes y a las venideras (no hay que olvidar el daño que ha provocado la Tuta ni la amenaza latente del temido Tomato Brown Rugose Fruit Virus –ToBRFV-), que implican una inversión añadida en materia de prevención. Y no estaría de más seguir impulsando campañas de concienciación sobre los valores de los cultivos patrios, como ha hecho Hortyespaña con la campaña ‘Cultivos de Invernadero’ y está haciendo ahora FruitVegetablesEUROPE (EUCOFEL) con el más reciente ‘CuTE, Cultivando el sabor’ para mostrar la producción hortofrutícola europea a los ciudadanos europeos.

En Centroeuropa y los países nórdicos hacen bandera de lo suyo y se pueden ver claramente las enormes diferencias de precio entre el producto local y el de fuera, con bandejas de 200 o 250 gr de cherry a 6,5€ frente a los 5€ del tomate español. Una mentalidad muy distinta que redunda en un 30-40% de diferencial.

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