La siembra de patata para lavar crece por la pandemia

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En Castilla y León la siembra concluye con una bajada de superficie menor de lo anunciado a principios de año y una clara tendencia por variedades aptas para el lavado

Esta creciente orientación hacia la patata para lavar hay que buscarla en el ‘efecto pandemia’. Las compras de patata lavada en los lineales de la gran distribución crecieron en el mes de marzo de 2020 casi en torno a un 25%, una cifra nunca antes registrada en tan escaso periodo de tiempo.

“Los agricultores se han dado cuenta de que el mercado de la patata lavada puede tener una trayectoria rentable, con contratos que aportan una mayor estabilidad, aunque esto no quiere decir que vaya a haber un “boom” inmediato de la superficie dedicada a estas variedades, aunque sí un ligero incremento, que tendremos que comprobar si se consolida en las próximas campañas”, explicaron a Fruit Today fuentes del sector en la región.

Las variedades cuyo fin último es el destino Horeca tienden a la normalidad tras un año nefasto y digno de olvidar, en el que la acumulación de stocks desesperó a los agricultores debido a los cierres de la restauración y hostelería; pero que por otro lado, beneficiaron el incremento del consumo en los hogares, donde las familias descubrieron el placer de los fogones en los peores días de pandemia.

La siembra, cada vez más pronto

La disposición de los agricultores a sembrar antes cada año sigue manteniéndose. En esta campaña el adelanto se estima entre 8 y 10 días, tratando de evitar chocar en septiembre con la competencia que suponen las patatas que llegan de Francia.

Con todo y con ello, los agricultores conocen que el principal hándicap de una siembra más temprana tiene al clima como enemigo, ya que el riesgo de heladas todavía es posible a principios de primavera.

Los primeros cálculos, a falta de ser refrendados oficialmente, indican una bajada de la superficie de cultivo de unas 1.000 hectáreas, por lo que la superficie rondará las 17.000.

Las siembras se realizaron en un bloque muy fuerte hasta finales del mes de marzo, en unas condiciones meteorológicas óptimas, que se tornaron más complicadas durante algunas jornadas en el mes de abril por las lluvias, que paralizaron los procesos de siembra durante algunos días.

Las cifras

En Castilla y León se plantaron 18.371 hectáreas en 2020 frente a las 19.180 de la campaña precedente. De nuevo, en esta campaña de 2021, como ya se ha explicado, la superficie vuelve a descender.

La bajada productiva es todavía más significativa que la de superficie: en 2020 sufrió un descenso de un 10,2% y se quedó en 838.001 kilos frente a los 933.664 de 2019. Todo ello consecuencia directa de episodios extremos de golpes de calor o frío durante el desarrollo vegetativo del tubérculo, y que tuvo como consecuencia una reducción media por hectárea, situándose en los 40.000 kilos, frente a los 45.000 y 50.000 obtenidos en 2019.

El problema de la conservación

Uno de los problemas a los que tendrá que hacer frente la campaña de 2021, será el de la conservación tras el cambio legislativo acerca de antigerminantes que ya no están permitidos. De momento, los productos sustitutivos no mantienen la misma eficacia y significan un mayor desembolso económico para todos los operadores

Desde la Interprofesional de la Patata de Castilla y León, su presidenta, Yolanda Medina explica que “nuestros agricultores no viven solo de las patatas que venden entre julio y octubre. Una gran parte de la producción se conserva para ir dándole salida meses o semanas después de la cosecha. Si la situación actual no se remedia y se nos da una respuesta urgente, nos va a provocar serios problemas. La legislación debe igualarse en toda la Unión Europea. No es coherente que en algunos países de nuestro entorno se puedan utilizar productos que aquí están prohibidos”.

La única lectura positiva del problema originado por el fin del uso de estos antigerminantes, y al no haber autorizado todavía el ‘Dormir’, podría ser la de aprovechar la coyuntura para empujar la demanda y el consumo de patata nueva. “Creemos que los consumidores han empezado a apreciar las diferencias culinarias y de calidad que tiene un producto fresco frente a una patata de conservación y el sector debe seguir caminando en esta línea, tal y como están haciendo los más pioneros que ya trabajan por obtener dos cosechas al año”.

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