Menor siembra en Castilla y León

patatas en campo

Mientras en Andalucía avanzan las primeras cosechas, en Castilla y León, la mayor región productora de España, se preparan las tierras para la siembra. Pero el sector no pasa en esta comunidad por sus mejores momentos

Solo la provincia de Valladolid ha perdido en los últimos 5 años casi 900 hectáreas de cultivo.  En 2017 la superficie sembrada alcanzaba las 5.585 hectáreas, que en la actualidad se han convertido en 4.702. Todo ello debido a la baja rentabilidad que el tubérculo da a los agricultores y a la falta de contratos con la industria por parte de los operadores. Mientras tanto, España sigue siendo deficitaria en patata y sus importaciones desde Francia rondan las 800.000 toneladas.

La entrada de patata de Francia y el aumento de los costes de producción han provocado que los precios estén por los suelos. Con estas perspectivas, cada año, de manera continuada, se pierde superficie en toda la comunidad.

Lo que sucede en la provincia de Valladolid se hace extensivo a toda la región, explica un operador de patata salmantino, sobre todo en un año en el que el precio de la semilla también ha subido y va a convertirse en otro factor ‘rémora’ para los agricultores. Pero bien es cierto, que el sector ha logrado una mayor productividad en menor extensión de terreno, como resultado de una fuerte profesionalización. Sin embargo, “todavía queda mucho camino por recorrer en cuanto a los rendimientos por hectárea”, explican fuentes del sector.

Salvando muchos factores, no comparables con las explotaciones castellano-leonesas, en algunos países de la U.E. como Dinamarca, Alemania, Los Países Bajos y Francia, la productividad puede alcanzar hasta las 40 toneladas de patata por hectárea.

En concreto, la provincia de Valladolid, que ha vivido una serie de buenas campañas provocadas por la crisis en el precio de la remolacha, vive ahora una situación contraria. La capital castellana alberga importantes industrias transformadoras y su producción tiene como destino principal la industria de frito, congelado o tortilla de patata.

Otro de los factores que no ayudan a la recuperación de la producción es una tendencia muy generalizada hacia una patata absolutamente perfecta, tal y como exigen los almacenistas, que a su vez se ven presionados por la distribución, que no se ha andado con medias tintas. “Antes fuimos los niños feos del lineal y ahora, de la noche a la mañana, nos exigen un producto tan perfecto como una canica”.

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