Poma de Girona, un modelo a seguir

Llorenç Frigola

El despegue que la IGP Poma de Girona mantiene en los últimos años no pasa inadvertido. El propio sector, tanto nacional como internacional, lo ve como un modelo a seguir

La actual situación es el fruto de una estrecha colaboración entre las tres empresas que forman parte de esta Indicación Geográfica (Frutícola Empordà, Giropoma- Costa Brava y Girona Fruits). “Este progreso se ha logrado con la cooperación tanto a nivel técnico como productivo de todos nosotros y es el arma que nos permite actuar en un escenario de mercado global. La colaboración ha tenido muchas más ventajas que inconvenientes”, afirma Llorenç Frigola, presidente de la IGP Poma de Girona.

La actual fruticultura de Girona, que cuenta con la prebenda de desarrollarse en un adecuado suelo y clima, es moderna y está muy tecnificada. Cuenta con unos recursos humanos muy formados tanto en agroecología como en sostenibilidad que, en ningún momento, han dudado en recorrer el mundo en busca de las últimas tecnologías o variedades. Ejemplo de ello, es el gran proyecto iniciado hace años con el afamado Instituto Hort Research de Nueva Zelanda y auspiciado por Fruit Futur, para desarrollar nuevas variedades mejor adaptadas al cambio climático. “En realidad, en los últimos años, hemos llevado a cabo una gran innovación con los sistemas productivos en muro, que nos aportan mayor productividad. En los próximos años, la palanca de desarrollo vendrá con la innovación varietal”

Las tres centrales que operan bajo el paraguas de esta IGP son centros muy modernos, capitalizados y con últimas tecnologías de confección y refrigeración. Están preparadas para suministrar producto durante los 12 meses del año y su “know how” se enfoca en los mercados, proporcionando la calidad exigida.

La sostenibilidad

Hace mucho tiempo que estas firmas catalanas hicieron de la sostenibilidad el eje de su desarrollo bajo las directrices de una ‘intensificación sostenible’ con el objetivo de lograr la mayor producción con la menor utilización de insumos posibles (agua, fertilizantes, transporte, etc.). Ahora el reto pasa por ser, todavía, más sostenibles y neutralizar la huella de carbono, tal y como prevé Europa en 2030. En este sentido, la proximidad de las producciones al mercado interior, hacen de esta fruta una manzana ganadora, en un momento en que la sociedad reclama un consumo responsable y cercano, con el menor transporte posible.

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