España dispone de 16,7 millones de hectáreas de tierras de cultivo y alrededor de 787.200 personas trabajan en el sector, según los últimos datos oficiales.
La disponibilidad de trabajadores continúa siendo una de las principales preocupaciones. El campo ha incorporado 21.718 afiliados procedentes del proceso de regularización, aproximadamente el 9% del total de altas derivadas de este procedimiento.
El empleo agrario dejó además un dato positivo en agosto, al convertirse en la única actividad en la que descendió el paro, con una caída del 1,3%.
El relevo generacional sigue sin resolverse
La entrada de nuevos profesionales continúa siendo, sin embargo, uno de los mayores desafíos estructurales.
El 39,56% de los perceptores de la PAC tiene más de 65 años, mientras que los menores de 40 representan menos del 9%, una diferencia que refleja las dificultades para asegurar la continuidad de muchas explotaciones.
Cooperativas Agro-Alimentarias advierte de que el relevo no es únicamente una cuestión de edad, sino también de capacidad productiva futura, y reclama medidas que faciliten la incorporación de nuevos profesionales al campo.
Asaja coincide en señalarlo como uno de los grandes desafíos del sector y pide que la futura Política Agraria Común (PAC) otorgue mayor prioridad a los jóvenes.
COAG, por su parte, reclama facilitar su acceso tanto a la tierra como a las ayudas, mientras que Unión de Uniones añade la necesidad de mejorar las posibilidades de financiación para quienes quieren incorporarse a la actividad.
El clima eleva el riesgo de producir
El impacto de los fenómenos meteorológicos extremos vuelve a evidenciar la creciente exposición de las explotaciones al cambio climático.
Las tormentas de granizo convirtieron agosto en el mes con mayor siniestralidad de la historia del seguro agrario, con daños sobre unas 54.600 hectáreas aseguradas y alrededor de 50 millones de euros en indemnizaciones, según Agroseguro.
A ello se suma el impacto de los incendios, que durante la última década han afectado a más de 116.500 hectáreas agrícolas.
UPA advierte de que la mayor variabilidad climática dificulta cada vez más planificar una campaña, realizar inversiones o anticipar los resultados productivos.
También Unión de Uniones recuerda que cada episodio de sequía, inundación o temperaturas extremas termina teniendo un efecto directo sobre la cuenta de resultados de agricultores y ganaderos.
Un sector exportador condicionado por la geopolítica
El comercio exterior constituye otro de los pilares de la agricultura española, pero también una creciente fuente de incertidumbre ante las tensiones internacionales.
En el último año móvil, las exportaciones agroalimentarias alcanzaron 77.193 millones de euros, frente a unas importaciones de 60.193 millones, dejando un saldo comercial positivo de 17.000 millones de euros.
Ese superávit, no obstante, ha descendido un 11,4%.
Entre las partidas con mayor peso exportador destacan las frutas de hueso y el aceite de oliva.
Las organizaciones agrarias reclaman que la política comercial europea garantice unas condiciones de competencia más equilibradas. Unión de Uniones insiste en la necesidad de reforzar las cláusulas espejo y los controles a las importaciones, mientras otras entidades demandan instrumentos que permitan al sector afrontar con mayor seguridad la creciente inestabilidad geopolítica.
La mano de obra, otro cuello de botella
La disponibilidad de trabajadores sigue condicionando el desarrollo de numerosas campañas agrícolas.
Cooperativas Agro-Alimentarias reclama mecanismos que permitan incorporar profesionales de forma ordenada, estable y con garantías, mientras que las organizaciones agrarias destacan el peso creciente de la población extranjera en la actividad.
Asaja considera que los trabajadores de origen extranjero son ya una pieza esencial del campo español.
NOTICIA RELACIONADA: Las NTGs abren nuevas oportunidades para el sector agroalimentario
COAG valora positivamente los procesos de regularización, aunque reclama medidas complementarias en ámbitos como la formación y el alojamiento de los trabajadores.
UPA defiende también que el relevo generacional deberá incorporar nuevos agricultores de distintos orígenes si se quiere garantizar la continuidad de la agricultura familiar.
La rentabilidad, condición para el futuro
Por encima de las diferentes reivindicaciones aparece un elemento común: la necesidad de que las explotaciones sean económicamente viables.
Asaja resume esta demanda bajo la idea de que “sin rentabilidad no hay futuro”, y reclama una PAC suficientemente dotada y con menor carga burocrática.
Unión de Uniones coincide en la necesidad de garantizar precios que permitan cubrir los costes de producción, además de disponer de recursos para modernización e inversiones relacionadas con el agua.
COAG pide mayor certidumbre respecto a los precios, las ayudas y las políticas de adaptación climática, mientras que UPA reclama situar a la agricultura y ganadería familiar como un sector estratégico.
El debate que deja este Día de la Agricultura va, por tanto, mucho más allá de los resultados de una campaña concreta. Relevo generacional, mano de obra, adaptación climática, comercio y rentabilidad aparecen cada vez más interconectados, y de la capacidad para abordar estos factores dependerá buena parte de la competitividad futura del campo español.
























































