Los expertos insisten en que una nutrición adecuada, la práctica regular de actividad física —especialmente ejercicios de fuerza—, el descanso, la gestión del estrés y una suplementación correctamente fundamentada pueden contribuir a preservar el rendimiento cognitivo, mantener la densidad ósea y reducir el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes o las patologías cardiovasculares y metabólicas.
El doctor Hugo Palafox, experto en dietética y nutrición y vicepresidente global de Asuntos Científicos de Immunotec, subraya que el envejecimiento saludable no consiste en “detener el tiempo”, sino en conservar la funcionalidad celular y metabólica el mayor tiempo posible.
El impacto de los hábitos en la longevidad
Según Palafox, el impacto del estilo de vida en la prevención y retraso de las consecuencias del envejecimiento está ampliamente documentado. “Un estilo de vida saludable permite preservar el rendimiento cognitivo, reduciendo el deterioro asociado a la edad. Asimismo, nos ayuda a mantener la densidad ósea, especialmente cuando se combina nutrición adecuada con ejercicio de fuerza”, señala.
El experto recuerda, además, que conservar la masa muscular resulta fundamental para mantener la movilidad, la independencia y la calidad de vida a medida que avanzan los años. En este sentido, los buenos hábitos no solo influyen en la prevención de enfermedades, sino también en la autonomía personal y en la capacidad de seguir realizando actividades cotidianas.
La actividad física, un pilar funcional
La actividad física se posiciona como uno de los grandes pilares del envejecimiento saludable. Su papel va más allá del mantenimiento del cuerpo: también contribuye al desarrollo cognitivo, emocional y funcional.
El fisioterapeuta Iván Crespo explica que el cuerpo humano responde a los estímulos. “Si te mueves y entrenas, le estás diciendo a tu cuerpo y a tu mente que lo sigues necesitando fuerte, con energía y con la cabeza clara. Y el cuerpo se adapta a eso”, afirma.
De acuerdo con el especialista, las adaptaciones fisiológicas derivadas del ejercicio ayudan a preservar el músculo, activar el cerebro y regular la inflamación asociada al envejecimiento. En personas mayores, los programas de ejercicio se consideran una estrategia fundamental para mantener la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida.
Fuerza, coordinación y prevención de caídas
Los programas de actividad física dirigidos a personas de edad avanzada deben ir más allá del ejercicio ligero. Crespo recomienda trabajar diferentes capacidades funcionales, como la fuerza, la coordinación, la agilidad y la reactividad.
“Todo esto es lo que nos protege de verdad, sobre todo en la prevención de caídas”, subraya el fisioterapeuta.
La fuerza muscular adquiere así un papel central, no solo por su relación con el movimiento, sino también por su conexión con la salud metabólica, la prevención de la sarcopenia y la capacidad de mantener una vida independiente.
Alimentación natural y salud metabólica
Junto al ejercicio, la alimentación constituye otro eje clave. Una dieta equilibrada ayuda a preservar la funcionalidad física, fortalecer músculos y huesos, prevenir la pérdida de masa muscular y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
Según el doctor Palafox, los patrones alimentarios como la dieta mediterránea y las dietas ricas en alimentos naturales y mínimamente procesados se asocian de forma consistente con una mayor longevidad, menor inflamación y mejor salud metabólica y cognitiva.
Entre los nutrientes más relevantes, el experto destaca las grasas saludables, como los omega-3, por su papel en el cerebro y la función celular; los antioxidantes presentes en frutas y verduras, por su capacidad para combatir el estrés oxidativo; y la fibra, por su importancia en la salud intestinal y metabólica.
El papel del glutatión y la protección celular
Palafox también incide en la importancia de apoyar los sistemas antioxidantes internos del organismo, especialmente el glutatión celular, que desempeña un papel central en la protección de las células.
A partir de cierta edad, el cuerpo puede perder parte de su capacidad para absorber, sintetizar y utilizar determinados nutrientes. En este contexto, la suplementación puede convertirse en una herramienta complementaria dentro de un enfoque de salud integrativa.
Iván Crespo recuerda, no obstante, que la base debe ser siempre una buena alimentación. “Aunque la base siempre tiene que ser una buena alimentación, muchas veces no es suficiente para cubrir lo que el cuerpo realmente necesita”, señala.
Suplementación estratégica y evidencia científica
Algunos estudios han presentado las primeras evidencias en humanos sobre la viabilidad del uso de suplementación con precursores de glutatión para modular biomarcadores de inflamación sistémica crónica, aunque los expertos recuerdan que todavía se requieren más investigaciones para aclarar su relevancia clínica en el envejecimiento saludable y la prevención de enfermedades crónicas asociadas a la edad.
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En este sentido, complementos nutricionales como Immunocal, de Immunotec, proporcionan cisteína biodisponible, el aminoácido limitante para la síntesis de glutatión. Según Palafox, estos productos han sido evaluados en diversos estudios clínicos en humanos.
“Mantener niveles adecuados de glutatión se asocia con mejor función inmune, menor estrés oxidativo y mejor salud celular en general”, afirma el facultativo.
La constancia, el verdadero factor diferencial
Más allá del ejercicio, la alimentación o la suplementación, los expertos coinciden en que la clave está en la constancia. Para lograr resultados sostenidos, no basta con aplicar medidas puntuales, sino que es necesario mantener hábitos saludables a lo largo del tiempo.
“El cuerpo no entiende de picos de motivación. Entiende de lo que haces cada día”, defiende Crespo.
El fisioterapeuta recuerda que factores como el estrés constante, el mal descanso o la falta de recuperación pueden limitar la capacidad del organismo para adaptarse, incluso cuando la alimentación y el entrenamiento son adecuados.
En definitiva, el envejecimiento saludable requiere una visión integral que combine movimiento, nutrición, descanso, gestión emocional y, cuando proceda, suplementación fundamentada. Un enfoque que no busca detener el paso del tiempo, sino vivir más años con mejor funcionalidad, independencia y calidad de vida.























































