«Lo dije y lo mantengo: a mitad del siglo XXI no habrá cocinas». Las declaraciones del presidente de Mercadona a principios de año volvieron a causar debates enconados entre los amantes de la cocina tradicional y los consumidores menos apegados a los fogones. Y no solo entre los compradores de a pie. Críticos gastronómicos, chefs y otros actores del retail han participado en los últimos meses en una discusión pública comparable al consabido duelo entre la tortilla de patata con o sin cebolla.
Entre esas opiniones está la del CEO de DIA España, Ricardo Álvarez, que se posicionó asegurando que «las cocinas no van a desaparecer nunca de España», aunque matizó: «…pero ya se usan más como actividad lúdica o de ocio».
Un punto, este último, que coincide con una de las tesis más repetidas en el sector de la alimentación y la gastronomía en los últimos años. En el informe ‘¿Ha muerto la cocina?’, del gigante financiero global UBS, los analistas de mercado sostienen que el avance de la tecnología alimentaria y la optimización de los costes industriales lograrán que cocinar desde cero carezca de sentido financiero para las familias.
De este modo, vaticinan un escenario inminente en el que la elaboración rutinaria de alimentos desaparecerá de los hogares, transformando el acto de cocinar en una elección puramente recreativa o en un hobby de fin de semana.
En el ámbito de la gastronomía, el crítico José Carlos Capel aseguró en una entrevista en la Cadena SER que la extinción de la cocina doméstica ya es una realidad palpable en el mercado inmobiliario español, donde comienzan a proyectarse viviendas equipadas únicamente con un microondas y un pequeño lavavajillas.
Para Capel, este fenómeno responde a una falta de tiempo sistémica y a una irreversible pérdida de peso de la cocina tradicional, que empuja a los consumidores hacia los llamados ‘Mercaurantes’.
Mercaurantes, fenómeno global
Lejos de ser una anomalía local, el crítico español advirtió que el futuro del sector pasa por las grandes superficies de alimentación y los platos listos para el consumo; una fórmula de «grandes comederos» que ya impera de forma masiva en países como China y que lleva años consolidada en el mercado de Estados Unidos. Más cerca, Reino Unido e Italia ofrecen numerosas opciones de comida preparada en sus lineales.
Ese debate sobre el fin de los fogones tiene una traducción muy concreta en el lineal: el auge imparable de la IV y la V gama.
Mientras Mercadona facturó 3.000 millones de euros en 2025 con precocinados en España y Portugal —más que McDonald’s y Burger King juntos en el mercado español—, en el sector hortofrutícola el procesado crece a su propio ritmo, empujado por la misma ola de conveniencia, pero con lógicas y tensiones muy distintas a las del plato preparado genérico.
Procesado de frutas y hortalizas: crecimiento heterogéneo
Según Circana, entre febrero de 2025 y enero de 2026 la IV y V gama de frutas y hortalizas alcanzaron 131.258 toneladas y 942,7 millones de euros en la distribución española, un 5,9% más en volumen y un 9,7% más en valor.
El precio medio subió un 3,6%, hasta 7,18 euros/kg. La IV gama concentra el grueso del negocio, con 117.629 toneladas y 887,58 millones de euros, un 4,3% más en volumen y un 9,1% más en valor. La V gama, aunque minoritaria, es el motor: 12.208 toneladas, un 24,1% más, y 40,1 millones de euros, un 26,5% más.
Dentro de la IV gama, las hortalizas preparadas, que representan el 48% del volumen, suben un 6,2%, y las ensaladas, con el 40,4%, avanzan un 4,4%. Las ensaladas completas crecen un 9,8%, según Nielsen.
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La fruta cortada, en cambio, pierde en torno a un 3% de volumen, pese a ganar un 7% en valor, lastrada por la amplia disponibilidad de fruta fresca, la sensibilidad al precio y una percepción de valor añadido todavía débil.
No obstante, el sector es consciente del cambio de hábitos de la ‘generación TikTok’ y cree que podría impulsar la transformación de los lineales. Según avanzan varias casas de semillas a Fruit Today, «uno de los principales retailers de España» prevé que, de aquí a cinco años, el 25% de la fruta de su lineal se comercialice cortada y procesada. En este segmento, uno de los productos que más crecimiento experimenta es la sandía.
Tal es la importancia del procesado hortofrutícola que algunas cadenas de supermercados cuentan con responsables de compras diferentes para frutas y hortalizas frescas y para los productos procesados, según explican a Fruit Today.
La conveniencia deja de ser un extra
El concepto que resume toda esta transformación es ‘foodvenience’, la convergencia entre alimentación y comodidad.
El listo para comer en supermercados ha crecido un 55% desde 2022, y el 78% de ese consumo se produce dentro del hogar. Worldpanel by Numerator confirma la tendencia: en 2025, el tiempo medio dedicado a cocinar cayó a 24,8 minutos, y el plato único ya representaba el 71,3% de las cenas en el hogar, frente al 68% de 2020.
Para la IV y V gama hortofrutícola esto abre una vía clara: productos vegetales, reconocibles y fáciles de preparar, sin renunciar a la salud. El 77,1% de los consumidores dice querer seguir una dieta sana, aunque ese atributo ya no basta por sí solo para justificar la compra.
La innovación se desplaza así de la ensalada básica al plato completo, con recetas que incorporan proteínas, cereales y salsas, formatos para microondas y freidora de aire y tecnologías como el HPP.
Empresas como Avomix y Frutas Montosa utilizan esta tecnología para alargar la vida útil de sus guacamoles, mientras compañías como Surexport apuestan por cierres resellables en sus formatos familiares de fruta cortada.
La V gama, por su parte, amplía su radio hacia legumbres en raciones individuales, cocina vegetal y platos texturizados para disfagia, estos últimos premiados en los Horeca Awards 2026.
El retail manda: MDD y quick commerce
La marca de distribución domina la categoría sin discusión posible: alcanza un 81,2% de cuota en volumen y un 74,6% en valor, con crecimientos del 6,6% y el 11,5%, respectivamente, por encima de la marca de fabricante.
Esta posición de fuerza convierte al retailer en el principal prescriptor de innovación, surtido y precio, y le permite exigir a sus proveedores volumen, seguridad alimentaria, homogeneidad y una vida útil suficiente.
Como expusieron Carrefour y Just Eat España en el Congreso AECOC de Frutas y Hortalizas, en 2025 la cadena comercializó 1,7 millones de unidades de frutas y hortalizas vía delivery.
Uno de cada siete pedidos de quick commerce incluía producto fresco u hortofrutícola, con una cesta media un 22% superior entre estos clientes, el 70% de ellos menores de 35 años.
Costes, cadena de frío e inversión
La categoría soporta subidas continuadas en energía, mano de obra, materias primas, transporte y refrigeración, agravadas por la volatilidad meteorológica y la escasez de personal.
El sector ha trasladado parte de esos costes al precio final, pero un consumidor cada vez más racional limita esa capacidad de repercusión: el 67,9% compara siempre precios entre marcas.
La brecha entre el crecimiento en volumen y en valor resume la ecuación pendiente: revalorizar el producto sin perder al comprador.
La cadena de frío es, en este contexto, una parte inseparable de la propuesta de valor. Una rotura de temperatura no solo acorta la vida comercial, sino que también compromete la seguridad, el sabor y la merma.
Pese a la presión sobre los márgenes, la inversión no se detiene. La iniciativa de AECOC y la Oficina del Corredor Mediterráneo para impulsar el transporte ferroviario apunta a una futura vía de descarbonización logística.
En ese equilibrio, entre la promesa de Juan Roig y el carro de la compra real, se juega buena parte del futuro de la IV y V gama hortofrutícola: crecer sin dejar de ser accesible.





















































