Francisco Sánchez: Sin pelos en la lengua

Poco dado a hablar sobre su vida, me costó meses, o mejor dicho años, convencerle. De hecho, desistí y un viernes le pillé con el día tonto y se comprometió. Por fin, había quedado con él en el club de golf La Monacilla de Aljaraque (Huelva).
No beating around the bush

Poco dado a hablar sobre su vida, me costó meses, o mejor dicho años, convencerle. De hecho, desistí y un viernes le pillé con el día tonto y se comprometió. Por fin, había quedado con él en el club de golf La Monacilla de Aljaraque (Huelva). No venía preparado para jugar, pero bajamos al green.

Sabe que no es santo de devoción de todo el mundo pero es un hombre firme en sus convicciones, guerrero con el cinismo y con la hipocresía que dice, detecta a veces a su alrededor. Cree que si el “conglomerado” (Onubafruit) que maneja tiene éxito se debe al interés personal que siente por la sociología.

Es un hombre muy viajado, no sólo por motivos profesionales, sino porque tiene repartida a su familia entre Chicago, donde reside su hija y sus nietos y Shenzhen, en China, donde trabaja su hijo. Todo ello, sin contar que su mujer, funcionaria del estado, reside en Madrid.

Hincha del equipo merengue, su carnet no rebasa el número 1.600. Ya está sufriendo porque el último partido en el Bernabeu, antes de Navidad, le coincide casi con el vuelo que le llevará a casa de su hija y no sabe cómo se lo montará.

A mí me parece usted un desobediente crónico. Y se lo digo por algunas anécdotas largas de contar; y también una persona muy impulsiva.

Sé que no soy fácil. Tengo más fama de duro de lo que realmente soy, pero siempre voy de frente. Reconozco que ser impulsivo es uno de mis defectos.

¿Y una de sus virtudes puede ser ese interés y ese compromiso que percibo con la parte social de su negocio?

Me interesa la observación y la sociología. Soy plenamente consciente de que la entidad que yo represento no es nada sin sus socios, ellos son el alma y yo me debo a ellos y a la defensa de sus intereses.

Usted se atreve a decir cosas que otras personas, aunque las piensen, no las dicen. Por ejemplo, esto de que el consumo del producto local es una tontería.

Por supuesto, primero, no tenemos autoridad moral para decirlo porque somos exportadores natos y segundo, vivimos en un mundo globalizado, donde todo va y viene. Hay que tener coherencia con lo que se hace.

¿Ha cambiado mucho su vida desde que le dio un infarto?

Sí, la vida se ve de otra manera y por supuesto a nivel de salud, me cuido, comiendo de forma muy saludable. Al final, lo bueno y lo malo te aporta sabiduría, incluidos los años, que no pasan en balde.

¿Cómo primeros productores de frambuesas, no sabe que un estudio de Harvard implica a los flavonoides de las frambuesas en la prevención del riesgo de la enfermedad cardiovascular?

En aquel entonces no trabajaba en el mundo de los berries, pero soy una persona que come sano y un enamorado de la cocina onubense, sobre todo de sus pescados. Prácticamente, no como carne porque me parece que toda tiene el mismo sabor.

¿Tiene orígenes celtas o nórdicos? Se lo digo por su aspecto, obviamente.

Pues no. Mi familia es originaria de un pequeño pueblo de Salamanca (Villar de Gallinazo) que hoy no tendrá más de 100 habitantes. Mis hermanos son pelirrojos y yo rubio, pero la saga se acaba porque ni mis hijos ni mis sobrinos lo son.

¿Cómo era su familia?

Soy hijo de un agricultor castellano, pero mi padre murió cuando yo tenía 16 años y nos trasladamos a Madrid.

¿Cómo llegó a esta profesión?

En mi época, se solía trabajar de lo que se estudiaba y yo, que no tenía una vocación determinada pero era bastante bueno en ciencias, decidí ser ingeniero agrónomo, entre otras cosas porque mi hermano ya cursaba peritaje en este mismo campo.

Fíjese, que yo le tenía situado más en una preparación económica o de dirección. Explíqueme algo que me resulta difícil de digerir. Usted trabaja en Huelva y vive en Madrid. Y encima viaja por trabajo. ¿Cuándo está en la oficina?

En la oficina paso menos tiempo del que me gustaría porque viajo mucho, sobre todo por Europa, pero ya no lo hago como antes que tenía reuniones en los hoteles aledaños a cualquier aeropuerto y regresaba, si podía, el mismo día. Eso sí que es muy estresante. Ahora me lo tomo todo con más calma, y si tengo que estar uno o dos días, estoy.

También es verdad que me voy a Madrid todos los viernes; digamos que considero que nuestro verdadero hogar está allí, donde mi mujer trabaja. Yo he trabajado en Navalmoral de La Mata, en Mérida, en Sevilla y ahora en Huelva, pero cuando mis hijos fueron a la universidad nos establecimos allí.

¿Y con todo este trajín tiene tiempo de jugar al golf o hacer cualquier otro deporte?

La verdad es que aquí en Huelva me resulta bastante difícil, pero en Madrid juego los fines de semana. Y tengo suerte porque no vivo excesivamente lejos de un campo. No hago otro deporte, únicamente me pego buenas caminatas gracias a la tesonería de mi mujer.

Me ha gustado su backswing. ¿Cuál es su hándicap?

Mi hándicap es 11

Me han dicho que es usted un ave diurna.

(Risas). Y se lo han dicho bien, la noche se me hace cuesta arriba. Claro que soy diurno pero no le voy a decir la hora irreverente a la que suelo acostarme.

¿Y qué hace tan temprano por el mundo?

Pues, oír las noticias en diferentes emisoras para formarme una opinión de la actualidad.

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