Francisco Moya: vivir la emigración

En vez de en Francia, su lugar de residencia, nuestras agendas se cruzaron en la Línea de la Concepción (Cádiz). Paco Moya (1964, Francia) había elegido este destino para celebrar la jubilación de su hermana Josefa. Como es tremendamente pragmático le pareció perfecto que aprovechara la ocasión para entrevistarle. Nada mejor que esta ciudad, lugar de procedencia de su familia. Su historia personal es la historia de una España pobre en la década de los 60 que hizo emigrar a millones de españoles, entre ellos sus padres. Es el octavo de 10 hermanos y, aunque nació en Lille, siempre estuvo unido a La Línea, en la que pasó los veranos de su infancia y adolescencia
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Yo le creía francés.

Lo soy por nacimiento, pero siempre renuncié a tener documentación francesa. Mi pasaporte es español. No quería perder la conexión con mis orígenes y creo que no existe mejor manera de hacerlo.

Eso lo he notado en la visita turística que hemos hecho por la ciudad.

Sí, le quería enseñar lugares que están íntimamente relacionados con mi familia. Todos son buenos recuerdos. Desde las calles Oquendo y Blanca de los Ríos, hasta la calle Colón, pasando por la Parroquia de los Marineros en la Atunara, esencia marinera de la población.

También habla un perfecto español, aunque imagino que su educación es totalmente francesa.

Sí, lo es. Reglamentariamente estudié en Francia, pienso en francés y leo en francés.

Le estoy enormemente agradecido a Francia. Gracias a su modelo de educación conseguí ir a la universidad con pocos medios y creo que la doble cultura es una riqueza que te permite conocer las cosas bajo otro punto de vista.

¿Qué estudió? Supongo que Economía o Empresariales.

Diagnóstico erróneo. Yo soy un hombre de letras puras. Estudié Filología inglesa y también española. A los 50, justo cuando mi hija empezó la Universidad, me matriculé en lo que en España sería un equivalente a Administración de Empresas. Aunque es verdad que a nivel de estudios soy un mix, porque mi bachillerato fue técnico y después me dio por las letras.

Nunca hubiera imaginado que lo suyo fueran las letras, a no ser por lo mucho que habla.

Jajaja. Sí, es verdad. Si me dan 5 minutos puedo hablar dos horas. Soy un peligro. También me gusta llamar a las cosas por su nombre y esto a veces me ha granjeado disgustos.

Menos mal que en Francia no te permiten acceder a cargos políticos más allá de una Concejalía si eres extranjero porque si no creo que ese hubiera sido mi destino. De hecho, fui consejero municipal en Macheren, donde resido.

Espere, de los cargos públicos le pregunto luego porque preparándome la entrevista he visto que son unos cuantos.

¿Qué recuerdos le trae La Línea?

Todos. Mi madre y mi padre descansan aquí. Y yo soy un niño procedente de una barriada pesquera, porque uno de los oficios de mi padre fue pescador. Aquí, además de celebrar la Inmaculada Concepción, que es la patrona de la ciudad, celebramos la Virgen del Carmen, patrona del mar. Nosotros jugábamos en la playa o en la calle casi todo el día. Recuerdo, además que los veranos me servían para recibir clases de inglés por parte de mi tío que trabajaba en un instituto y nos daba repaso en esos meses.

Después de su parada en el cementerio, no me queda otra que preguntarle si es creyente.

Básicamente, la respuesta es sí, aunque he tenido mis etapas de agnosticismo.

¡Qué honor que el alcalde lo haya homenajeado con la insignia de la ciudad!

Sí es cierto. Yo solo represento a tantos otros que salieron de aquí y la vida les ha ido bien. ¡Siempre se habla de lo malo, pero hay tantas cosas buenas!

Este reconocimiento tiene su importancia, pero usted ha recibido uno de los galardones más apreciados en Francia ya que le nombraron Caballero de la Orden del Mérito Agrícola francés en 2024, a propuesta del Ministerio de Agricultura.

Sí, cierto, fue todo un honor. Supongo que fue por mi implicación en los diferentes proyectos que hemos llevado a cabo. Siempre he trabajado en el asociacionismo y en la implicación conjunta de las personas.

No me gusta hablar de trabajo en esta sección, pero en su caso me tendrá que contar por qué recibió tal distinción.

Igual le aburro un poco. Fui presidente del Comité Interprofesional de la Patata y de la Comisión de Patatas de consumo de Europatat, pertenezco a Fedepom y fui presidente del CNIPT. En la actualidad, detento algunos otros cargos y ejerzo de director general de Vitalis y Vitexport. Llevo 38 años trabajando en este grupo, con las mismas personas que, en algunos casos, ya llegan a la cuarta generación.

Creo que está implicado en otras tareas más altruistas

A nivel personal, estoy muy contento de “Piezas Amarillas”, una asociación que ayuda a padres de niños con cáncer y está dirigida por la esposa de Macron.

Ayer le vi en el desayuno leyendo, ¿qué libro tiene entre manos en la actualidad?

La Lumière du bonheur, de Éric-Emmanuel Schmitt, una historia de cuatro personajes a lo largo de la humanidad. Mis preferencias siempre pasan por la literatura conectada con la historia, porque en el fondo siempre hay algo de real.

¿Qué suele hacer los fines de semana?

No me gusta la rutina y con los amigos las variables son siempre ajustables. El último fin de semana, con una asociación hermanada con Alsacia, mi mujer y yo nos fuimos a ver viñas. 

También me gusta jugar al billar, al que me aficioné en los pubs escoceses durante mis tiempos universitarios.

Como anécdota le quiero contar que durante la pandemia monté un puzle de 13.000 piezas. Siempre encuentro algo en lo que ocupar mi tiempo.

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